viernes, 24 de noviembre de 2017

Honduras de cara a las elecciones del 26-N: corrupción política y corrupción electoral

Javier San Vicente 
Activista en defensa de los derechos humanos 
El próximo domingo 26 de noviembre se celebrarán elecciones generales en Honduras, de las que saldrá un nuevo Presidente, Congreso Nacional y autoridades municipales. El proceso electoral se celebra en un ambiente de alta polarización, debido principalmente a la voluntad del actual mandatario Juan Orlando Hernandez, del Partido Nacional, de ser reelegido en contra de lo establecido en la Constitución del país. Hay que recordar que en el 2009 el Partido Nacional se alió con otros sectores reaccionarios (y dominantes) de otros partidos, como el Partido Liberal, para dar un golpe de Estado contra el entonces Presidente Manuel Zelaya para evitar una consulta sobre la posibilidad de permitir la reelección presidencial.
Tras el golpe contra Zelaya, el Partido Liberal gobernó Honduras por unos meses, caracterizados por el autoritarismo y la corrupción. Ya en 2010, un Partido Nacional fortalecido se hizo con el poder, bajo la dirección de Porfirio Lobo Sosa. Desde entonces, las instituciones públicas y la frágil democracia hondureña han sufrido un marcado proceso de degradación, caracterizado por el fin de la separación de los poderes públicos, escándalos de corrupción y denuncias sobre el aumento de la influencia del crimen organizado en la esfera pública.
La concentración de poder en manos del Presidente Hernández se ha manifestado en sus continuas arremetidas contra la institucionalidad vigente, y ha supuesto la puesta al servicio de la presidencia de instituciones como la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Supremo Electoral o el Registro Nacional de las Personas; así como el manejo directo de varios programas sociales gestionados con muy poca transparencia. Además, durante la administración Hernández han salido a la luz gravísimos casos de corrupción que implican al Partido Nacional, como el escándalo del desfalco mediante múltiples tramas del Seguro Social (IHSS), incluyendo uno en la que se habrían utilizado los fondos sustraídos para financiar la campaña electoral de HERNANDEZ en 2013; y la contratación de obras públicas con empresas vinculadas al crimen organizado y otros casos como el FIFA Gate, que acabó con un expresidente del Partido Nacional extraditado a los Estados Unidos. Los señalamientos públicos sobre la vinculación de altos funcionarios y cargos electos del partido gobernante con el narcotráfico no ha dejado de producirse a lo largo de estos años, alcanzando al anterior presidente Porfirio “Pepe” Lobo, cuyo hijo fue condenado en septiembre de este año por narcotráfico por una corte en Nueva York; al hermano del presidente “Tony” Hernández, acusado de dedicarse al tráfico de drogas y de conspirar para asesinar a un Embajador de Estados Unidos en Honduras por un narcotraficante y un ex militar; y a varios diputados, ministros y alcaldes, muchos de los cuales siguen en sus puestos incluyendo al actual alcalde de San Pedro Sula y al Secretario de Seguridad. Incluso, algunos de estos políticos acusados de tener nexos con el s se presentan a la reelección personalmente o utilizando familiares y testaferros, como ocurre en los municipios de Yoro y El Paraíso.
En este complicado contexto se realizará un proceso electoral el domingo, cuya transparencia y legalidad está en tela de juicio. Las diferentes estrategias que el Partido Nacional podría implementar para realizar un fraude masivo son ya conocidas en Honduras, y varias de ellas están explicadas en este artículo. Su utilización no constituye novedad alguna ni un asunto excepcional en Latinoamérica, ya que son prácticas ampliamente utilizadas incluso en los países supuestamente más avanzados de la región, como México, Colombia, Perú o Brasil. Y es que un estado corrupto forzosamente realizará procesos electorales corruptos, marcados por prácticas opacas e ilegales, entre ellas, la utilización de los recursos sustraídos al Estado para la compra de voto, manipulación en mesas electorales y en la transmisión de resultados y compra de voluntades de los garantes del proceso.
Y a mayores niveles de corrupción, más facilidad existe para realizar un fraude de mayores dimensiones. Según un estudio elaborado por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI) en base al análisis de los principales escándalos de corrupción producidos en los últimos años, los montos sustraídos al estado hondureño en estos actos supondrían un 4.3% del PIB, el equivalente al 35% del presupuesto de la Secretaría de Educación y el 70% de la de Salud, dos de las instituciones públicas más grandes del país. Buena parte de este dinero, cuyo paradero se desconoce, podría estar siendo utilizado para financiación ilegal de campaña y para otras prácticas dirigidas a favorecer electoralmente al partido gobernante.
Durante las dos administraciones nacionalistas posteriores al golpe de Estado de 2009 se han promovido políticas y legislación dirigidas a aumentar la opacidad en el manejo de los recursos del Estado. La falta de interés de los gobiernos nacionalistas en transparentar su acción y fortalecer la legalidad se refleja claramente en la evaluación que se realizó al país en 2017 en el marco de la Cuenta del Milenio, en la que Honduras suspende tanto en “lucha contra la corrupción” como en  “estado de derecho”, y por la que se le congelan los fondos de cooperación asociados al mismo. Sin duda, esta evaluación negativa refleja la escasa capacidad y voluntad de los poderes públicos para juzgar y condenar los actos de corrupción producidos en los últimos años. Este hecho se refleja en la gran cantidad de políticas contrarias a la transparencia que se han implementado durante estos años, entre las que destacan la Ley de Secretos Oficiales, aprobada en enero del 2014. Esta ley otorga un amplio y discrecional poder a la Presidencia de la República para declarar como secretos todo tipo de documentos y acciones de los poderes públicos. Su aplicación ha permitido que 18 instituciones estén exentas de rendir cuentas de su actuación a la ciudadanía, algunas de ellas involucradas en escándalos de corrupción, como el Seguro Social, la empresa pública de gestión del agua y la de electricidad; o instituciones de importancia clave en el manejo de recursos públicos, como el Servicio de Administración de Rentas, que se encarga de administrar el sistema tributario, y Registro Nacional de las Personas, que se encarga de fiscalizar el proceso electoral, entre otras. Otro caso evidente del sesgo contrario a la transparencia del actual gobierno lo constituye la aprobación de la Ley de Financiamiento, Transparencia y Fiscalización a Partidos Políticos y Candidatos, cuyo texto aprobado por el Congreso Nacional fue modificado de forma inexplicable por la Comisión de Estilo de este órgano legislativo, suprimiéndose varios de los artículos más importantes, incluyendo uno que prohibía a empresas y particulares ser beneficiarios de concesiones del Estado para financiar campañas y partidos políticos. A estas medidas legislativas hay que sumarles el manejo altamente opaco de diversos programas y proyectos de la administración nacionalista a través de la utilización de una figura que permite eludir de forma “legal” el control público sobre los mismos: el fideicomiso. Según datos de ICEFI, en 2016 existían 53 fideicomisos estatales que manejaban fondos por un valor del 1.7% del PIB. Según el entonces director de ICEFI, el economista Hugo Noé Pino, “los fideicomisos no siguen las mismas reglas de aplicación sobre el Presupuesto General de la República, sino que una vez que se sustrae el dinero del presupuesto y va a un fideicomiso, ya el manejo tiene otra dinámica, y muchas veces no es nada transparente”
Estas evidencias han hecho que la sociedad civil hondureña haya empezado a trabajar de forma muy activa para lograr transparentar tanto el manejo de fondos públicos como el tema de las campañas políticas. Desde el ICEFI, se ha trabajado para la conformación del Grupo Promotor del Dialogo Fiscal, que entregó al gobierno una propuesta de “Pacto Fiscal para el Desarrollo de Honduras”, que propone una mayor transparencia en el manejo de recursos públicos y el fin de los fideicomisos, entre otras medidas, pero el gobierno prefirió ignorar la propuesta y seguir adelante con su política de opacidad. Esta marcada falta de transparencia del gobierno reafirma a los partidos de oposición y la sociedad civil hondureña que los resultados de las elecciones del 26 de noviembre pueden ser manipulados en favor del partido gobernante.
Pero este proceso electoral no está marcado únicamente por la opacidad del gobierno en el manejo de sus cuentas y la falta de reformas electorales. Al igual que en el proceso electoral de 2013, la intimidación constituye un factor fundamental a tener en cuenta. Así, el gobierno de Juan Orlando ha realizado diferentes declaraciones dirigidas a intimidar a la oposición, especialmente a la Alianza Opositora contra la Dictadura. Entre estos hechos se destaca el intento de crear un vínculo entre las pandillas violentas o maras y la Alianza Opositora, declarando desde el gobierno que se están preparando acciones de terrorismo vinculando ambos grupos o que culpan al partido opositor del asesinato de varios activistas de partidos políticos. Otras acciones son menos sutiles, como la decisión del Tribunal Supremo Electoral de dar por válidos votos en los que se marque con insultos la foto de candidatos, que estaría dirigido a lograr dar por válidos los 230,000 votos nulos que recibieron en las primarias. Unos días antes de las elecciones, Marvin Ponce, vinculado al partido Unificación Democrática, públicamente alienado con el gobierno, hizo declaraciones en un medio de comunicación hondureño en las que certificaba la alianza de varios partidos pequeños con el Partido Nacional de cara a los comicios y los altos niveles de opacidad con los que se maneja la entrega de credenciales electorales a estos pequeños partido, insinuando el negocio que supone la venta de dichas credenciales y exponiendo como a través de este proceso se podrían manipular los resultados en las mesas.
En conclusión, se puede decir que el próximo domingo en Honduras se decidirá entre continuar un proyecto político basado en la opacidad, el autoritarismo y la corrupción, o comenzar una nueva senda, que forzosamente deberá conducir a cambios sustanciales en la conducción del Estado. El nivel de penetración de elementos criminales en la actual administración y la falta de escrúpulos del presidente Hernandez a la hora de saltarse la ley podría facilitar la continuación de un proyecto político que, además de no haber logrado solucionar los problemas de pobreza y violencia de las y los hondureños, va camino de destruir la frágil institucionalidad existente en el país. Desde la oposición, el partido con mayores posibilidades de arrebatarle la presidencia a Hernández es la Alianza Opositora contra la Dictadura, coalición de tres partidos políticos (LIBRE, auténtico PAC y PINU) de diferente signo político, que han logrado dejar de lado sus diferencias bajo la candidatura de Salvador Nasralla. La tensión es palpable estos días en el país y existe temor a que después de las elecciones se produzcan situaciones de violencia. Lo que menos le conviene a Honduras es vivir otro golpe de Estado como el de 2009. La democracia debe prevalecer, ojalá el gobierno de Juan Orlando Hernández lo entienda.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Defender el agua no es un delito

Albertina López es una de las activistas hondureñas que desde hace varios meses lidera la lucha de los habitantes de Pajuiles, en el departamento de Atlántida, frente al proyecto hidroeléctrico de la empresa HIDROCEP. “Cuando supe del asesinato de Berta Cáceres y todo lo que sufrió por defender el río, me tocó el corazón, pero nunca imaginé que un día sería yo la que tuviera que iniciar este proceso de lucha por defender el río Mezapa”, dice. Desde el pasado mes de marzo, a través de dos campamentos permanentes, Albertina y otros pobladores de la zona intentan impedir el acceso de las máquinas hacia la parte alta de la cordillera Nombre de Dios donde está proyectada la construcción de la hidroeléctrica.
Desde entonces, la policía ha tratado varias veces de desalojar de forma violenta los campamentos; la última ocasión el pasado 15 de agosto cuando fueron detenidas 6 personas, entre ellas Albertina, quien a pesar de su avanzado estado de gestación asegura que no cejará en su lucha contra la hidroeléctrica. Ni los numerosos intentos de desalojo violento ni las amenazas de grupos cercanos a los intereses de la empresa han conseguido de momento doblegar a la población. Tampoco que el alcalde de una de las localidades afectadas insista en que hubo un sí de la población al proyecto, un proceso de elaboración de la consulta fraudulento según numerosas organizaciones, que han denunciado la manipulación de los resultados.
El apoyo jurídico y acompañamiento de oenegés como el Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ) está siendo clave para apoyar la resistencia activa de estas comunidades. El Ministerio Público ya emitió en 2016 un dictamen sobre el caso de HIDROCEP favorable a las pretensiones de la comunidad, enumerando los probados daños ambientales asociados al proyecto: el agua que llega a las comunidades no es apta para el consumo humano y alerta también de peligros de derrumbes y destrucción de la capa vegetal del suelo.
“Defender el agua NO es un delito. Paren la criminalización”, anuncian las pancartas de Pajuiles exigiendo al Gobierno que defienda sus derechos al agua y a la vida. Sin embargo, desde que el Partido Nacional llegara al poder en 2010, la sobreexplotación de los recursos naturales se ha convertido en una política de Estado, basada en un desprecio permanente al medioambiente y a los medios de vida de las poblaciones más vulnerables. Solo en el caso del departamento de Atlántida, situado al norte del país, existen actualmente 24 concesiones para la instalación de represas hidroeléctricas y 100 para explotación minera, según una reciente investigación a cargo del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación Eric-SJ de Honduras.
El partido en el poder recibe importantes contribuciones económicas por parte de las empresas que tienen concesiones del Estado, algo que intentó eliminar sin éxito la conocida como Ley de Política Limpia, impulsada por la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH) vinculada a la Organización de Estados Americanos (OEA). El texto de esta ley fue modificado por una comisión del Congreso Nacional con posterioridad a su aprobación por el pleno de la Cámara, de tal forma que la versión finalmente publicada en La Gaceta (el BOE de Honduras) y vigente en la actualidad, no incluyó la prohibición de que las empresas concesionarias del Estado financien a partidos políticos; en definitiva, las empresas tienen luz verde para seguir financiando al partido actualmente en el Gobierno.
El propietario de HIDROCEP, Jason Hawitt, es un conocido empresario hondureño de ascendencia árabe, cuya familia tiene fuertes vínculos con el gobernante Partido Nacional, lo que explica la parcialidad con la que las fuerzas de seguridad están actuando en este conflicto, en el que la violencia estatal siempre se ha dirigido contra la población y en defensa de los intereses de la empresa.
Intimidaciones, amenazas, secuestros, coacciones… Según el último informe de Global Witness, Honduras es el país más peligroso del mundo para ser activista medioambiental: 122 asesinatos desde 2010. América Latina es sin duda la región más peligrosa, donde más ambientalistas han sido amenazadas, acosadas, asesinadas y cuyas muertes han quedado impunes.
Albertina López se encuentra ahora en libertad con cargos acusada de delitos de daños y reuniones ilícitas por los que podría ser condenada a un máximo de 9 años de cárcel. En otro intento de desalojo, otras 18 personas fueron detenidas y acusadas de amenazas, usurpación, coacciones y reuniones ilícitas.
¿Quién garantiza la protección de las defensoras de la tierra y el medioambiente? El Gobierno de Honduras incumple claramente con sus obligaciones, como también lo hacen los inversores extranjeros y las instituciones financieras internacionales que deberían garantizar que todas las inversiones que se den en el país respeten los derechos humanos de las poblaciones locales.

viernes, 25 de agosto de 2017

Nubes negras alrededor de las próximas eleciones en Honduras


Publicado en Publico.es

El próximo 26 de noviembre de 2017 se celebrarán en Honduras elecciones en las que se elegirá Presidente, Congreso Nacional y gobiernos locales. Los comicios, que se celebrarán en un contexto de alta polarización política y social, podrían generar un aumento de las tensiones al interior de la sociedad hondureña, debido a las dudas que existen sobre su transparencia, y a que el actual presidente de la República, Juan Orlando Hernández, se está presentando nuevamente como candidato presidencial de su partido, en violación flagrante de lo establecido en la Constitución. Pero para comprender que es lo que está ocurriendo en Honduras, es necesario realizar un análisis retrospectivo de la situación.
Desde principios del siglo XX, el sistema político hondureño se distinguió por su carácter bipartidista: por más de 100 años gobernaron alternativamente el Partido Liberal o el Partido Nacional. Durante este período, este sistema político se convirtió en uno de los más corruptos del planeta, llegando Honduras a ser calificada despectivamente como república bananera, debido al poder corruptor que las compañías bananeras extranjeras ejercían sobre ambos partidos. La llegada del dinero del narcotráfico en los años setenta, vino a corromper todavía más el ambiente político, y conllevó la consolidación de fuertes vínculos entre sectores de las élites políticas, castrenses y empresariales con los grandes cárteles de la droga a nivel nacional e internacional.
En este contexto, los partidos liberal y nacional fueron configurando un sistema clientelar que les permitió instrumentalizar las instituciones públicas en su favor. De esta forma, ambos partidos lograron utilizar los recursos del Estado para financiar sus campañas políticas y crearon una red de colaboradores remunerados (en la mayor parte de los casos con dinero público) dedicados a movilizar a los sectores más desfavorecidos de la sociedad hondureña, mediante engaños, pequeños regalos o pura y simple intimidación para que votasen en favor de los candidatos de sus partidos en las elecciones. Entre las funciones de estos activistas también se contaba con la realización de fraudes mediante introducción de votos en las urnas, la provocación de actos de violencia en las jornadas electorales y todo tipo de artimañas dirigidas a favorecer al partido al que pertenecían. En la actualidad, estas redes clientelares siguen existiendo en Honduras, aunque su forma de actuar se ha perfeccionado con los años.
Este sistema bipartidista clientelar mostró una gran fortaleza durante la primera década del siglo XXI. Sin embargo, el golpe de Estado cívico-militar del 28 de junio de 2009, ejecutado contra el gobierno liberal de Manuel Zelaya Rosales supuso el inicio de su declive. En las elecciones que se celebraron a finales de ese año salió triunfante el Partido Nacional, fortalecido ante la implosión de su rival tradicional, el Partido Liberal, definitivamente fracturado. Los cuatro años del gobierno del nacionalista Pepe Lobo estuvieron marcados por la corrupción, el empeoramiento de todos los indicadores sociales y económicos, por el incremento de la violencia (en 2012 Honduras llegó a tener la tasa de homicidios más alta del mundo) y la fuerte presencia del crimen organizado en el país (según un informe del Departamento de Estado de EE.UU. de 2012, en esa fecha el 79% de los vuelos que transportaban cocaína de Suramérica a Estados Unidos hacia escala en Honduras).
En noviembre de 2013 se celebró otro proceso electoral, en el que nuevas fuerzas políticas por primera vez iban a disputar el poder a los dos partidos tradicionales. Tras los resultados ofrecidos por el TSE, en las que se dio por vencedor a Juan Orlando Hernández (JOH) y al Partido Nacional, surgieron numerosas denuncias de fraude electoral. Las dudas sobre la legalidad del proceso provenían principalmente de dos nuevos partidos políticos: Libertad y Refundación (LIBRE), y el Partido Anticorrupción (PAC). Ambos movimientos políticos nacieron como consecuencia del rechazo de la sociedad hondureña al golpe de Estado de 2009 y a la corrupción. Mientras LIBRE representa a sectores populares y maneja un discurso izquierdista, el PAC sedujo a una parte de las clases medias urbanas, cansadas de la corrupción y el abuso de poder, mediante un discurso de regeneración política.
Los resultados oficiales de la contienda electoral de 2013 posicionaron a LIBRE como el principal partido de la oposición con el 28.78% de los votos (superando ampliamente el 20.30% obtenido por el Partido Liberal). El PAC fue el cuarto partido más votado. Sin embargo, estos resultados no fueron aceptados por los partidos de oposición, que denunciaron la existencia de fraude, facilitado por su falta de representación en las instituciones garantes del proceso electoral, principalmente en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y el Registro Nacional de las Personas (RNP), controlados por el bipartidismo. El gobierno justificó la falta de representación de LIBRE y PAC en ambas instituciones en el hecho de que se trataba de partidos sin presencia en el Congreso Nacional, por ser la primera vez que participaban en unas elecciones. Este agravio a los partidos de oposición, injustificable en una sociedad democrática, fue perpetuado más allá de 2013. Mediante una maniobra inédita y antes de la toma de posesión del nuevo Congreso Nacional elegido en 2013, el congreso saliente, dominado por el bipartidismo, nombró en su última sesión en abril de 2014 nuevas autoridades del TSE y el RNP con 5 meses de antelación al plazo previsto y para un periodo de 5 años, dejando sin representación en estas instituciones a LIBRE y PAC para los siguientes 5 años.
La fuerte irrupción de nuevas fuerzas políticas en 2013 llevó al Partido Nacional y al Partido Liberal a reforzar su vieja alianza para tratar de salvar el sistema bipartidista. En este contexto, un Juan Orlando Hernandez fortalecido logró el apoyo clave del Partido Liberal para nombrar una Corte Suprema de Justicia a su medida, que a su vez le ha permitido optar a la reelección, violentando de manera evidente la constitución hondureña. Asimismo, durante estos cuatro años las bancadas de los partidos LIBRE y PAC en el Congreso Nacional han ido sufriendo importantes bajas de diputados (9 de los 37 diputados de libre y 4 de los 13 diputados del PAC), que han pasado a apoyar los proyectos del gobernante Partido Nacional en contra de la disciplina de sus respectivos partidos. La culminación de una legislatura plagada de autoritarismo, corrupción y opacidad ha venido con la destrucción del PAC, urdida en coordinación entre las autoridades del TSE y la diputada tránsfuga Marlene Alvarenga. Mediante una maniobra de carácter “legal” y tras un conflicto entre los líderes del PAC y el TSE por la celebración de las elecciones primarias del partido a principios de 2017, la diputada Alvarenga, que ya había votado en contra de la disciplina de partido en varios proyectos clave del gobierno de JOH, logró hacerse con el control del PAC, realizando un proceso de elecciones primarias con bajísima participación y en las que se presentó solo ella. Frente a este contexto, los dos nuevos partidos opositores (LIBRE y PAC) han decidido unir sus fuerzas junto con otro pequeño partido (PINU) mediante la creación de la denominada “Alianza Opositora contra la Dictadura”.
El riesgo de confrontación social tras las elecciones de noviembre es una posibilidad nada desdeñable en Honduras. Para alimentar la polarización existente en el país y las dudas sobre la fiabilidad de las elecciones se dan múltiples circunstancias entre las que se destacan las siguientes:
Cultura de opacidad del actual gobierno:
La forma más segura de hacer un fraude sin ser descubierto es no ser transparente. Y eso es lo que hace el gobierno hondureño. Para ello cuenta con instrumentos legales, como la Ley de Secretos, mediante la cual puede reservar información al público de cuantas instituciones decida el presidente (16 en la actualidad, entre la que se encuentra el Registro Nacional de las Personas, clave para garantizar la transparencia de las elecciones). La aplicación de esta ley no solo podría facilitar potencialmente la alteración del censo electoral elaborado por el RNP, si no que podría ser utilizada para desviar fondos para financiar la campaña de reelección o para la compra de votos. En la actualidad existen además varios fideicomisos en Honduras que el gobierno maneja de manera opaca. Entre ellos destaca el de la tasa de seguridad, que administra un impuesto creado por el actual gobierno supuestamente para luchar contra la delincuencia a través de estrategias represivas y que  maneja fondos anuales superiores a los 100 millones de USD, cuenta con capacidad de endeudarse y cuyo manejo ya ha sido altamente cuestionado. Entre las denuncias generadas alrededor de la tasa de seguridad destaca la de un periódico hondureño que asegura que mediante este fondo se contrató a un equipo italiano de hackers que diseñaron un sistema para espiar a la oposición.
Falta de independencia de organismos fiscalizadores de elecciones:
El nombramiento de las autoridades de TSE y RNP, excluyendo a los principales partidos de la oposición al bipartidismo, es una clara muestra de la falta de independencia de estas instituciones. En las denuncias por el manejo partidista del RNP se menciona que esta institución podría estar facilitando varias formas de fraude electoral. Se ha denunciado por ejemplo el traslado de votantes de un municipio a otro a través de la emisión masiva de cédulas por parte del RNP. De ser ciertas estas denuncias, estas cédulas podrían estar siendo utilizadas para facilitar que activistas de los partidos políticos voten en lugar de personas fallecidas o que no residen en el país.  En las últimas semanas, activistas opositores se han tomado varias de las sedes del RNP en el país para denunciar este tipo de maniobras.
A través de la utilización fraudulenta de cédulas se podría realizar un fraude de grandes proporciones, especialmente debido a las dudas sobre la fiabilidad del censo electoral manejado por el RNP y el TSE. Según el informe final sobre las elecciones generales de 2013 elaborado por la Misión de Observación electoral de la Unión Europea, hace 4 años este censo contenía “alrededor de un 30% de las entradas”  correspondientes a fallecidos o emigrantes. Si las inconsistencias en el censo de 2013 nunca fueron depuradas, genera todavía mayores suspicacias el hecho de que el censo para estas próximas elecciones (2017) incluya a más de 1,000,000 de nuevos votantes (6.5 millones en total), suponiendo un aumento del 21.37% con respecto a 2013. Este aumento tan brusco no encaja con los aumentos observados en el censo en los anteriores procesos electorales de 2013 (16.13%), 2009 (15.78%) y 2005 (15.85%).
Tráfico de credenciales y posibilidad de duplicación del voto
Otro tema que genera preocupación está relacionado con el tráfico de credenciales electorales. Estas son entregadas a representantes de los partidos políticos, con la idea de garantizar que todos los partidos que se presentan a las elecciones tengan dos representantes en cada una de las más de 16,000 mesas electorales receptoras (MER) del país. El problema es que el TSE entrega a cada partido dos credenciales por cada MER, pero las credenciales van sin nombre. Solo llevan escrito el partido al que están vinculadas. Por dar un ejemplo, el partido FAPER recibirá más de 32,000 credenciales electorales sin nombre, una cantidad mucho mayor al número de votos que recibió en las elecciones de 2013 (3,117 para ser exactos). Lo mismo ocurre con otros partidos como Unificación Democrática (UD), Vamos, Alianza Patriótica, Democracia Cristiana (DC) y el PAC de Marlene Alvarenga. Esta forma de entrega de credencias facilitaría que estos pequeños partidos se lucren vendiendo estas credenciales al mejor postor, o simplemente se las entreguen al Partido Nacional, que ha sabido realizar múltiples alianzas con ellos.
Como prueba de la sumisión y dependencia de estos pequeños partidos al Partido Nacional, basta mencionar que el anterior candidato presidencial de FAPER es el actual Embajador de Honduras en Cuba, o que la DC y la UD han formado parte activa del gobierno de Juan Orlando Hernández. A lo que ocurrió con el PAC de Marlene Alvarenga ya nos referimos anteriormente. El nuevo partido Vamos está formado por un antiguo líder de la DC y diputados expulsados de LIBRE por votar en favor de los proyectos de Juan Orlando Hernández en el Congreso Nacional. Y el partido Alianza Patriótica es un pequeño grupúsculo de extrema derecha que fue en su momento disuelto (junto al FAPER) por el TSE por no haber obtenido el número mínimo de votos que exige la ley para seguir existiendo, y que fue convenientemente resucitado por la CSJ controlada por el actual gobierno para poder presentarse a las elecciones de 2017. Todo esto parece indicar que, en caso de conflicto durante el escrutinio en las mesas electorales, el Partido Nacional contará con mayoría de afines y podrá imponer su criterio (las decisiones se toman por mayoría).
Existe un elemento extra con relación a estas credenciales. Los poseedores de las mismas (2 por partido y mesa y cuyo nombre se podrá escribir a mano en la credencial el mismo día de las elecciones) tienen derecho a votar en la mesa electoral en la que estén ubicados. Lo que ocurre es que esto posibilitaría que dichos representantes puedan votar dos veces: en la mesa en la que están ubicados como representante de partidos, y en la que les corresponde domiciliariamente. El hecho de que se vayan a entregar más de 320,000 credenciales de este tipo podría provocar un fraude de tamaño considerable. Este podría evitar de manera sencilla, obligando a los partidos a presentar el listado de personas que van a recibir las credenciales para que el TSE proceda a sacar a estas personas del censo, evitando que puedan votar dos veces. El Partido Nacional se ha negado a ello, y ha pretendido dar por zanjado el problema entregando el listado de sus propios representantes, pero no exigiendo a los pequeños partidos que hagan lo mismo.
Otros problemas
A los problemas citados anteriormente se suman otros, como la compra directa de voto, documentada por el Centro de Documentación de Honduras (CEDOH y el Instituto Nacional Demócrata, a través de un estudio, que lanzó datos tan reveladores como que un 49% de los entrevistados aseguró haber sido testigo de compra de votos durante los comicios de 2013. En el mismo informe se especifica que por sus consolidadas estructuras clientelares, esta modalidad de fraude es fundamentalmente cometida por el Partido Nacional y el Partido Liberal.
Otros problemas tienen que ver con la financiación ilegal de campañas, ya sea con dinero del narcotráfico o público (desfalco del IHSS); la utilización de hackerspara manipular campañas electorales; o la utilización de normativas para someter a los medios de comunicación a los interés del gobierno. La prácticamente inexistente judicialización de casos de delitos electorales favorece sin duda que se puedan cometer fraudes de grandes proporciones.
Falta de voluntad de implementar reformas electorales
Seria relativamente sencillo implementar diversas reformas electorales para evitar algunos de estos riesgos de fraude. La Alianza Opositora y el Partido Liberal vienen planteando varias medidas que el Partido Nacional se niega a llevar adelante. Entre ellas destaca la utilización de lectores de huellas dactilares en los centros de votación para evitar la utilización fraudulenta de cedulas de identidad, obligar al TSE a entregar credenciales a los partidos, solo si presentan un listado con el nombre de estos, la inclusión de representantes de los principales partidos en las directivas del RNP y el TSE; la no contratación de la empresa MAPA Consultores para realizar el recuento de votos por sus vínculos directos con el Partido Nacional, o la prohibición de realizar cambios de domicilio a efectos electorales durante el año anterior a un proceso electoral, entre otras.
Las posibilidades de que acontezca un gran fraude electoral son palpables. En este contexto, la Unión Europea ya manifestó sus dudas acerca de enviar una misión de observación electoral para estos comicios, lo cual supone un riesgo adicional para la fiabilidad de los resultados. En la actualidad se están realizando esfuerzos para lograr evitar o reducir el fraude lo más posible. Desde sociedad civil se ha creado la plataforma Observación 26-N, que trata de unificar esfuerzos independientes. Desde la Alianza Opositora se ha organizado además la denominada “Operación Antifraude”, en el marco de la cual se espera evitar que voten personas fallecidas o ausentes.
Sin embargo, la escasez de medios materiales de estas iniciativas y la total falta de implementación de reformas electorales no garantiza la transparencia de las elecciones. Es por estas razones que resulta imprescindible que que tanto la sociedad hondureña como la comunidad internacional presionen de manera efectiva al gobierno hondureño para que apruebe a tiempo reformas legales que garanticen que este proceso electoral sea lo más limpio y transparente posible. De otra forma nada garantiza que las elecciones que se celebren en noviembre desemboquen en una nueva crisis política con consecuencias profundamente negativas para Honduras.


miércoles, 9 de agosto de 2017

Incentivos fiscales y leyes turísticas en beneficio de unos pocos


Publicado en El Salmón Contracorriente


La nueva Ley de Fomento del Turismo en Honduras es ejemplo de cómo las élites económicas controlan la política fiscal para beneficiarse sin tener en cuenta el interés público, los recursos naturales y a la población originaria. 
Honduras es el país que más ingresos fiscales pierde por incentivos a empresas nacionales y extranjeras: un 5,6% de su PIB.

El día a día para la gran mayoría de los hondureños no es sencillo. Más del 60% de la población de este país centroamericano vive en la pobreza, y aproximadamente el 40% sobrevive bajo la línea de la pobreza extrema. Además, se trata de uno de los países más violentos del planeta, debido a su importancia como ruta del narcotráfico hacia Estados Unidos, lo que provoca el desplazamiento forzado de miles de sus ciudadanos al año, que huyen hacia el norte buscando mejores condiciones de vida, o simplemente para evitar ser víctimas de la violencia armada.
Frente a esta dura realidad, el Estado hondureño no puede (o no quiere) atender las necesidades de sus ciudadanos y eliminar las causas estructurales de la pobreza y la violencia. Los altos niveles de corrupción, que son una constante desde la época colonial, provocan que las élites políticas que dominan el país estén más centradas en obtener beneficio para ellos y sus allegados (no pocas veces vinculados con el crimen organizado) que en lograr un verdadero progreso económico y social.

La última de estas normativas que promueven los incentivos fiscales es la Ley de Fomento del Turismo, actualmente en discusión dentro del Congreso Nacional de Honduras. Esta ley se suma a una anterior, aprobada en 1998 y llamada Ley de Promoción del Turismo, cuya aplicación solo en el año 2016 causó, según ICEFI, una reducción en los ingresos fiscales del país de alrededor de 500 millones de lempiras (21 millones USD). La nueva normativa dispone, además de la ampliación de los privilegios fiscales actuales, la creación de un Fondo de Turismo, el cual según ICEFI “es una muestra de corporativismo del Estado, pues confluyen intereses privados que manejarán recursos y decisiones públicas, lo que da lugar a un potencial foco de corrupción”.En este contexto, la política fiscal del país muestra un diseño dirigido a favorecer a determinadas élites, en vez de a trabajar para construir un verdadero estado democrático y avanzar hacia la justicia social. De hecho, en el 2015 y según datos del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, organización socia de InspirAction, el 70% de la recaudación fiscal del país procedía de impuestos indirectos, caracterizados por su regresividad. Esta situación viene derivada de la proliferación de leyes que ofrecen incentivos fiscales a empresas nacionales y extranjeras. Según datos de las autoridades tributarias de la región, Honduras es el país que más ingresos fiscales pierde en relación al tamaño de su economía como consecuencia de la aplicación de estos incentivos en toda Centroamérica, suponiendo esta pérdida un 5,6% de su PIB. Al mismo tiempo el país sigue estando a la cola en cuanto a recepción de inversión extranjera directa en la región, siendo el cuarto país (de seis) en términos nominales.
Además, la nueva ley propone que dicho ente pueda expropiar tierras que hoy son de propiedad privada o comunitaria, por la existencia de un aparente interés para promover inversiones turísticas. Este precepto produce todavía mayor preocupación, más teniendo en cuenta los nefastos antecedentes de Honduras en cuanto a persecución del movimiento ambientalista y de defensa de los recursos naturales.
Desde el asesinato de la lideresa indígena Berta Cáceres en 2016, ocurrido en el marco de su defensa de un rio sagrado frente a las pretensiones de una empresa, han sido múltiples los casos de hostigamiento, amenazas y muertes de defensores del territorio. En enero de 2017 Global Witness publicó un informe en el que calificaba a Honduras como el país más peligroso del mundo para los activistas de la tierra y el medio ambiente.
Desde la Organización Fraternal Negra Hondureña (OFRANEH), que agrupa a amplios sectores del pueblo afrodescendiente garífuna, aseguran que esta ley no ha sido debidamente socializada. Además, señalan que les produce gran preocupación que se otorgue al Fondo de Turismo capacidad para promover la expropiación de tierras, contraviniendo de forma directa el derecho a consulta previa, libre e informada establecido en la Convención 169 de la Organización Internacional de Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales. Y su preocupación no está para nada infundada, dado que el pueblo garífuna ha sufrido varias experiencias negativas en los últimos años en relación con la implementación de proyectos turísticos en la costa caribeña de Honduras. Entre estas destacan el desalojo violente de la comunidad de Barra Vieja en Tela para favorecer el proyecto turístico Indura Resort en 2014, o el proceso de despojo de tierras en marcha en la actualidad en los alrededores la ciudad de Trujillo en detrimento del pueblo garífuna.
Es por ello que es fundamental cambiar la política fiscal del país, en cuanto a incentivos fiscales empresariales, y lograr frenar la aprobación de esta ley turística en el Congreso de Honduras, que debe ser sustituida por una normativa que promueva un tipo de turismo más respetuoso con el medio ambiente y con los pueblos originarios, de base comunitaria y que respete las decisiones de las poblaciones a las que pueda afectar.

viernes, 24 de marzo de 2017

Honduras: autoritarismo, crimen organizado y retroceso democrático

“En Honduras es más barato comprar un diputado que una mula”. Esta frase, tristemente célebre entre los hondureños, fue atribuida al empresario Samuel Zemurray, propietario de una de las principales compañías bananeras que operaban en Honduras en la primera mitad del siglo XX. A la luz de los acontecimientos parlamentarios ocurridos durante la administración del actual presidente Juan Orlando Hernández (JOH), está afirmación sigue siendo plenamente válida. Y es que durante estos tres años las bancadas de los partidos opositores han ido perdiendo congresistas cuando las necesidades del actual gobierno así lo han requerido. El izquierdista partido LIBRE, agrupación política creada para reunir los principales sectores sociales que se opusieron al golpe de Estado de 2009, perdió en estos años 9 de sus 37 congresistas (casi el 25%). Lo mismo le ocurrió al Partido Anticorrupción (PAC), que perdió a 4 de sus 13 congresistas (casi el 33%) a lo largo del periodo de gobierno de JOH. Esta oleada de transfuguismo vino marcado por las necesidades del Partido Nacional de conseguir los votos necesarios para aprobar reformas clave y el control de las principales instituciones del estado, con el objetivo de hacer realidad las ambiciones reeleccionistas del presidente Juan Orlando Hernández.
Pero la degradación de la vida política, todavía fuertemente influida por las consecuencias del golpe de Estado de 2009, ha ido mucho más allá del ámbito parlamentario. Y es que tras el golpe se produjo la partición del Partido Liberal, cuando una buena parte de sus bases constituyeron el partido LIBRE siguiendo los pasos de Mel Zelaya. Como consecuencia, el Partido Nacional se vio fortalecido, haciendo creerse a sus dirigentes dueños absolutos del país. El triunfo de Pepe Lobo en las elecciones de 2009 no fue una sorpresa para nadie. El nacimiento en 2011 del partido LIBRE como alternativa real de gobierno supuso un claro desafío a la hegemonía nacionalista. Sin embargo, el control que el Partido Nacional logró establecer sobre el Estado permitió que realizasen un fraude masivo en las elecciones de 2013 (en el que se produjo financiación ilegal de campaña reconocida por el propio Partido Nacional, manipulación del censo electoral, compra de votos, recuento fraudulento en mesas…) que llevó a Juan Orlando Hernández a la presidencia.
Como consecuencia del afianzamiento del Partido Nacional en el poder, se ha observado un continuo aumento de los casos de corrupción en el país. Desde el escándalo del Seguro Social, que sacó a la luz cómo el Partido Nacional utilizó fondos del sistema de salud para la campaña electoral de JOH, hasta el caso ASTROPHARMA, en el que se reveló que una empresa de una alta funcionaria nacionalista vendió durante años pastillas de harina haciéndolas pasar por medicinas al sistema de salud público, provocando centenares de muertes entre la población. Otro caso sonado fue la construcción de un nuevo sistema de transporte público en Tegucigalpa al estilo del metrobus de la Ciudad de México (trans 450), con altísimos costes para la alcaldía, que finalmente no fue utilizado y cuyas vías y estaciones están siendo demolidas en la actualidad.
Además la actividad del crimen organizado se vio fortalecida durante el periodo de hegemonía nacionalista y los nexos del narcotráfico con el Partido Nacional no paran de hacerse evidentes. En 2015 la DEA capturaba en Haití a uno de los hijos del ya expresidente Pepe Lobo, hecho que iría relacionándose con sucesivas detenciones y revelaciones de la prensa que indicaban que el crimen organizado, aliado con altos mandos del Partido Nacional, se había repartido el territorio hondureño y estaban detrás de asesinatos de altas personalidades de la lucha contra el crimen organizado como Alfredo Landaverde. En las últimas semanas las revelaciones han sido todavía más impactantes, ya que uno de los líderes del cartel de los Cachiros, extraditado a Estados Unidos, ha declarado a un tribunal de Nueva York que entregó 500,000 dólares a la campaña electoral de Pepe Lobo. Según la misma declaración además este criminal habría participado en una fiesta privada que Lobo celebró en su casa de Tegucigalpa con ocasión de su victoria electoral de 2009, a la que también acudieron otros destacados narcotraficantes del país. La posibilidad de que Estados Unidos solicite la extradición de Lobo es cada vez más plausible. Asimismo el Cachiro ha implicado en sus actividades al actual ministro de seguridad Julián Pacheco, y ha denunciado haber entregado grandes cantidades de dinero al hermano del actual presidente JOH para que le ayudase a saldar una deuda del cartel con el gobierno. Con anterioridad, el embajador de Estados Unidos James Nealon llegó a declarar en 2016 que existía una conspiración para asesinarlo dirigida por el narcotráfico y altos mandos de las fuerzas armadas (el hermano de JOH volvió a ser mencionado en relación con estos hechos, situación que provocó que tuviese que viajar a EEUU para prestar declaración a las autoridades estadounidenses).
Ante un panorama tan escandaloso, sería de esperar que el partido gobernante hubiese sufrido un fuerte desgaste a nivel electoral. Sin embargo, la realidad es muy diferente y en la actualidad parece que la reelección de JOH en noviembre es más que factible, siendo la principal amenaza contra esta la posibilidad de que se le sindiquen responsabilidades penales en Estados Unidos por sus conexiones con el crimen organizado. Para comprender la aparente inmunidad electoral del JOH frente a los escándalos hay que tener en cuenta principalmente dos situaciones: la extrema concentración de poder en el actual ejecutivo y los profundos vicios que sufre el sistema electoral y de partidos en Honduras.
JOH sostuvo antes de ganar las elecciones que iba a “hacer lo que tenga que hacer”. A estas alturas se puede afirmar sin lugar a dudas que cumplió su promesa. Durante estos años ha logrado controlar varias de las instituciones clave del Estado, como la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Superior de Cuentas, y la Corte Constitucional entre otros. Especialmente clamoroso es el caso del Tribunal Supremo Electoral, tan solo formado por cuatro magistrados y en el que no hay representación de dos de las mayores partidos de Honduras (LIBRE y PAC), pero si de dos partidos minoritarios al servicio del gobierno nacionalista, como la Unificación Democrática (0,1% de votos) y la Democracia Cristiana (0,17% de votos). El gobierno ha cooptado los suficientes congresistas opositores como para sacar adelante todos sus proyectos y ha barrido con la oposición interna al interior de su partido. En este proceso ha logrado anular varios artículos de la constitución hondureña que prohibían la reelección presidencial, conocidos como pétreos por ser solo modificables mediante constituyente, y posteriormente ha validado su candidatura presidencial. Llama la atención que los que hoy aplauden la posibilidad de reelección en 2009 justificasen un golpe de Estado con el fin de evitarla.
Combinado con lo anterior, JOH espera verse favorecido por un sistema electoral y partidista profundamente corrupto. Si ya sale barato comprar diputados, mucho más lo es comprar votos. Según una encuesta realizada para un estudio del National Democratic Institute, en 2013 la compra de votos fue de cerca del 8% en Francisco Morazán y Cortés, los departamentos más poblados del país. En otros departamentos estos porcentajes superaron el 15% (Olancho, La Paz, o Yoro), el 20% (Comayagua, Choluteca y Santa Bárbara) y hasta el 50% en Gracias a Dios. La coacción directa a los beneficiarios de programas sociales también resulta de gran efectividad a la hora de asegurar el voto por el partido gobernante. Existen además perniciosas prácticas en Honduras, como la norma no escrita por la que todos los trabajadores del Estado están obligados a pagar una cuota mensual al partido gobernante, que se extrae automáticamente de las nóminas. Pero el fraude no queda limitado a estas prácticas, también se deriva de la manipulación del censo electoral en el que se incluye a menores de edad y personas fallecidas para inflar los resultados cuyos votos son introducidos de forma ilegal en las urnas. También es frecuente la compra de credenciales electorales, que fueron calificadas de mercancías por un magistrado del Tribunal Supremo Electoral, y cuya venta permite manipular el  proceso de conteo en los colegios electorales.
En conclusión, Honduras enfrenta un contexto de alta polarización y gran inestabilidad de cara a las elecciones presidenciales de noviembre de 2017. Si bien el Partido Nacional muestra una gran fortaleza debido a la consolidación de su control sobre el Estado y el sistema electoral, se dan varias situaciones que hacen peligrar su continuidad en el poder. Y es que parece que desde el gobierno del norte no ven con buenos ojos la reelección de JOH, lo que podría dificultar considerablemente sus posibilidades de lograr un triunfo electoral. A esto se suma el proceso de desarticulación por parte del gobierno de Estados Unidos del cartel de los Cachiros, organización que ha resultado tener múltiples vínculos con el Partido Nacional y que parecen revelar un patrón sistemático de colusión entre el gobierno y el crimen organizado. Ya en 2011, el asesor policial Alfredo Landaverde denunciaba meses antes de ser asesinado por policías que el gobierno estadounidense no iba a tolerar por mucho tiempo la implicación del gobierno hondureño en el crimen organizado.

Menos claridad aún hay sobre cuál podría ser el candidato con más posibilidades de disputarle la presidencia a JOH. Durante 2016 se ha conformado una Alianza Opositora en la que convergen los partidos LIBRE, PAC y PINU, que todavía no tiene un candidato oficial, aunque suenan con fuerza tanto el líder del PAC Salvador Nasralla como los líderes de LIBRE Xiomara Castro y Manuel Zelaya. El candidato que finalmente se presente por la Alianza seria en principio el mejor posicionado. Sin embargo, los resultados de las elecciones primarias celebradas en marzo de 2017 han resultado en un sorprendente y sospechoso resurgimiento del Partido Liberal, encabezado por Luis Zelaya, un outsider de la política. La posibilidad de que Luis Zelaya trate de romper la Alianza Opositora para presentarse junto al PAC es real, aunque no parece lo más factible debido a que dificultaría el liderazgo de Salvador Nasralla, muy potente en la actual Alianza. En este sentido, en los próximos meses se irá esclareciendo el escenario de cara a los comicios, que no excluye la posibilidad de que el propio Juan Orlando Hernández se vea obligado a renunciar a la reelección si se muestran evidencias graves de su involucramiento con el cartel de los Cachiros. Sin duda, estamos en un momento clave para Honduras, donde se va a decidir si se profundiza la espiral autoritaria, antidemocrática y corrupta en la que se ve inmersa o se lograr revertir el proceso y se abre una nueva fase democratizante. Los asesinatos de activistas sociales como Berta Cáceres durante estos años forman parte sin duda de la caída en los infiernos de la sociedad hondureña, cuyas instituciones se han sido instrumentalizadas por criminales, que no han dudado en utilizar los métodos más violentos y corruptos para hacer valer sus intereses.En publico.es

jueves, 9 de enero de 2014

Los orígenes del narcotráfico en Honduras

Por Javier San Vicente
Publicado en Rebelion.org

Honduras es hoy en día el país con la tasa de homicidios más alta del mundo. En 2013 ha alcanzado la cifra de 83 homicidios por cada 100.000 habitantes[1], superando la de países como México, Siria o Afganistán. Autoridades nacionales e internacionales señalan como primera causa de esta situación a las actividades del narcotráfico en el país. Merece la pena indagar un poco el origen de estas realidades.
¿Saben realmente los hondureños por qué su país fue escogido por el narcotráfico? Los libros de historia hablan poco o nada sobre el tema, aunque hay bastante información disponible para el análisis. El primer evento que pone en evidencia pública la relación entre la violencia, las Fuerzas Armadas y el narcotráfico en Honduras fue el asesinato en 1978 de los esposos Mario y Mary Ferrari. Sus cadáveres fueron hallados el 15 de junio en una finca en Tegucigalpa. Se trataba de dos comerciantes vinculados al tráfico de armas, cocaína y esmeraldas. La relación de los negocios de estas personas con miembros de las Fuerzas Armadas de Honduras apareció por todos lados. En un principio se inculpó por el asesinato a varios miembros activos del ejército. Honduras vivía en aquellos años bajo el dominio militar, y el ejército quiso desligarse públicamente de este escándalo mediante una cadena nacional de radio y televisión.
Parece que el malestar que las investigaciones en curso produjeron entre los altos mandos del ejército fue uno de los factores determinantes para que se produjese un golpe de Estado y cambio de poder en agosto de 1978, tan solo dos meses después del crimen. Entonces el poder pasó a un triunvirato militar dirigido por el General Policarpo Paz en lo que se conoció como el “golpe de la cocaína”[2]. Esta asonada habría sido financiada por el Cartel de Medellín y el importante narcotraficante hondureño Juan Ramón Matta Ballesteros. Una de las primeras acciones del nuevo gobierno militar fue proteger a los acusados del asesinato de los Ferrari y frenar el proceso judicial por el crimen. El Teniente Coronel Juan Ángel Barahona, uno de los acusados, aseguró a la Comisión de Alto Nivel creada por las Fuerzas Armadas para investigar el crimen que Policarpo Paz tenía pruebas de la implicación de altos mandos del Ejército en los hechos.  Trataba así de defenderse en un proceso en el que podía acabar siendo un chivo expiatorio. Finalmente esta comisión emitió un dictamen en el que exoneraba a todos los militares de los hechos[3].
En los ochentas Honduras pasó a ser dirigida por gobiernos civiles, después de décadas de revueltas militares y golpes de estado, que habían permitido que los militares mantuvieran el poder absoluto sobre el estado. Sin embargo, el poder real siguió siendo ejercido por los militares. Centroamérica vivía una situación excepcional debido a los conflictos armados en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. En aquellos años Honduras fue utilizada por el gobierno de Estados Unidos como base contrainsurgente. En concreto, fue en la zona oriental de Honduras donde se establecieron campos de entrenamiento para la contra nicaragüense, la fuerza paramilitar y mercenaria que durante años luchó contra el gobierno revolucionario del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El armamento de origen norteamericano llegaba a este grupo a través de Honduras. Esta situación dotaba de mucho dinero, poder y control político al ejército en todo el país, lo que impidió la desmilitarización y la consolidación de una verdadera democracia en Honduras.
Pero ahí no acaba la historia. Hoy sabemos gracias a la documentación desclasificada por el gobierno de Estados Unidos que para financiar la contra se utilizó dinero del narcotráfico. En concreto, sabemos que la compañía aérea propiedad de Juan Ramón Matta fue utilizada para transportar armas desde Estados Unidos hasta los campos de la contra en Honduras. También sabemos que esas mismas aeronaves iban hacia el norte cargadas de la cocaína de Matta[4].
Juan Ramón Matta no fue un narcotraficante cualquiera. No solo fue propietario de una compañía aérea que trabajaba con el gobierno de Estados Unidos. También fue el hombre que puso en contacto al Cartel de Medellín con el Cartel de Guadalajara. En otras palabras, conectó a Miguel Arellano Félix con Pablo Escobar Gaviria. Se trató de una pieza clave en la creación del trampolín centroamericano de la cocaína. Todo ello lo hizo mientras colaboraba con el gobierno estadounidense en la lucha contrainsurgente. No estaba sólo en estos manejos. Como hoy sabemos, en México el Cartel de Guadalajara también organizó varios campos de entrenamiento para grupos contrainsurgente guatemaltecos[5], mientras que en Colombia el narcotráfico ya era una pieza clave de la financiación y organización del grupo paramilitar Muerte a Secuestradores MAS[6].
Este idilio entre narcotraficantes y las agencias de inteligencia estadounidense sufrió un serio revés en el año 1985. El 9 de febrero de aquel año fue asesinado en Guadalajara (México) el agente de la Agencia antidroga estadounidense DEA Enrique Camarena. El asesinato de un agente de esta institución era un hecho sin precedentes. El que fuese secuestrado públicamente por agentes de policía mejicana para posteriormente aparecer torturado y asesinado de la manera más brutal produjo un gran escándalo dentro del gobierno de Estados Unidos. Con el tiempo se fue rebelando que la posible causa de este asesinato sería que Camarena había descubierto los campos de entrenamiento para la contra nicaragüense que la CIA había montado en propiedades del Cartel de Guadalajara en México[7]. Varios ex agentes de la CIA y de la DEA cercanos al caso han implicado directamente en la tortura y asesinato de Camarena a la CIA. También han señalado que su muerte se debió al interés de ocultar los nexos entre el narcotráfico, el gobierno estadounidense y la lucha contrainsurgente[8].
Pero en aquellos años toda esta información todavía no era pública. El asesinato de Camarena se presentó como una venganza del Cartel de Guadalajara contra la DEA por el éxito de algunas operaciones recientes en las que el cartel habría perdido mucho dinero.
Era la época de los grandes narcos y Juan Ramón Matta era un hombre muy popular en Honduras. Se había ofrecido a pagar la deuda externa de la nación y en su mansión en Tegucigalpa repartía favores para ricos y pobres. Pero su felicidad no iba a durar mucho tiempo. Cuando se empezó a conocer en Estados Unidos las actividades de tráfico de armas de la CIA y su implicación en el narcotráfico todo cambió. Las revelaciones del Irangate[9] en 1986 en Estados Unidos iban a provocar su caída. Esta se produjo mediante su secuestro en 1988 por agentes estadounidense en Tegucigalpa, para ser trasladado a República Dominicana en una acción completamente ilegal. Una vez en este país, se tramitó su extradición. Este hecho iba a provocar una respuesta inaudita en Tegucigalpa. Una protesta contra las injerencias extranjeras en el país acabaría con la quema del consulado norteamericano por ciudadanos furiosos y partidarios de Matta.
A pesar de la extradición de este narcotraficante, las estructuras y contactos entre los cárteles de México y Colombia quedaron establecidas de manera definitiva, y la utilización de Honduras como puente entre ambos países se mantuvo. El gobierno de Estados Unidos sustituyó al quemado Matta por un nuevo socio estratégico para la actividad contrainsurgente en Honduras, el también señalado como narcotraficante Alan Hyde[10].
El apoyo del gobierno de Estados Unidos fue clave para la consolidación del narcotráfico en Honduras. Este tipo de actividades no eran novedosas, en la guerra de Vietnam ya se reveló como Estados Unidos participó en este tipo de operaciones. En palabras del ex senador Joseph Nellis, “la CIA ayudó efectivamente a traer heroína muy fuerte y barata de Vietnam desde los Estados Shan, en el norte de Birmania, a cambio de radioescuchas y espionaje”[11].
Sin duda altos cargos del Ejército de Honduras participaron del que ya entonces era un negocio multimillonario. La corrupción en las Fuerzas Armadas es algo público. Basta señalar que el ex General Romeo Vásquez Velázquez, militar que estuvo al frente del ejército que comandó las acciones del Golpe de Estado político militar en Honduras contra Manuel Zelaya Rosales en el 2009, dirigió en los noventas una red de robo de carros de lujo junto con el reconocido narcotraficante y ex coronel Wilfredo Leva Cabrera. El que posteriormente llegase a dirigir las Fuerzas Armadas da prueba de la total falta de depuración interna en la institución armada.
La llamada “guerra a las drogas” se ha visto desde su inicio rodeada de oscuras revelaciones. Cabe preguntarse si tiene sentido mantener esta política cuando los principales valedores de la misma se han visto repetidamente involucrados en escándalos que los señalan como parte del problema que dicen combatir.





[1] Según datos del Observatorio de la Violencia de la Universidad Autónoma de Honduras.
[2] Cockburn, Alexander y St Clair Jeffrey, “Whiteout: The CIA, Drugs and the Press”, Verso.
[4] The Oliver North File, His Diaries, E-Mail, and Memos on the Kerry Report, Contras and Drugs. National Security Archive Electronic Briefing Book No. 113. 2004. 
[8] Idem
[9] Este escándalo reveló la venta de armas a grupos considerados terroristas por Estados Unidos en Oriente Medio para financiar la contra nicaragüense, además de mostrar como las agencias de inteligencia estadounidenses fueron cómplices de narcotraficantes que ayudaron a financiar a este grupo contrainsurgente.