Publicado en Publico.es
El 31 de agosto de 2018 fue un día turbulento para las muy precarias democracias centroamericanas. En horas de la mañana llegaba la noticia de la expulsión de la misión de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de Nicaragua. El gobierno de Ortega, de forma exabrupta e intimidatoria, daba dos horas a dicha misión para salir del país, y apostaba efectivos policiales en los alrededores del hotel donde se encontraba. Unas horas más tarde, el Presidente de Guatemala Jimmy Morales realizaba una rueda de prensa rodeado de militares en la que manifestaba su decisión de proceder a la expulsión de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, también vinculada a las Naciones Unidas. Aunque la decisión no se hará efectiva hasta septiembre de 2019, vehículos militares fueron desplegados de forma intimidatoria en las inmediaciones de la CICIG y de la Corte Constitucional del país. En horas posteriores se observaba un constante movimiento de vehículos militares por varias de las zonas más exclusivas de la capital guatemalteca.
Ambos incidentes, extremadamente graves, pusieron de manifiesto la volátil situación política y social en Centroamérica, así como el fortalecimiento del autoritarismo en la región. En el caso Nicaragüense, la expulsión se produjo unos días después de que la misión de la ONU presentase un durísimo informe sobre violaciones de derechos humanos cometidas durante las protestas ciudadanas de los últimos meses. El informe habla de más de 300 personas fallecidas y 2,000 heridos. También señala como principal responsable de la situación al propio gobierno, y denuncia el “uso desproporcionado de la fuerza por parte de la policía, que a veces se tradujo en ejecuciones extrajudiciales; desapariciones forzadas; obstrucción del acceso a la atención médica; detenciones arbitrarias o ilegales con carácter generalizado; frecuentes malos tratos y casos de torturas y violencia sexual en los centros de detención; violaciones a las libertades de reunión pacífica y expresión, así como la criminalización de los líderes sociales, personas defensoras de los derechos humanos, periodistas y manifestantes considerados críticos con el Gobierno”. El gobierno de Ortega abandonaba con la expulsión de la misión los últimos ademanes de colaboración con la comunidad internacional, para proseguir su violenta huida hacia delante.
En el caso guatemalteco se expulsaba a una CICIG que en los últimos años ha sacudido con fuerza el sistema político nacional. En 2015, la comisión llevó a juicio al entonces presidente Otto Perez Molina y a su vicepresidenta Roxana Baldetti, por un caso de corrupción aduanera. El presidente se vio forzado a dimitir y ambos fueron finalmente condenados. Con posterioridad, la CICIG presentó acusaciones contra diversos altos cargos del país, incluyendo a influyentes magistrados y al ex presidente Álvaro Colom. Las relaciones entre la CICIG y el gobierno de Jimmy Morales han sido muy tensas, habiendo llegado el presidente a declarar “non grato” al jefe de la misión, el colombiano Iván Velásquez. Dicha decisión fue posteriormente revertida por la Corte Constitucional. El autoritario Jimmy Morales perdió la paciencia tras la solicitud de la CICIG el pasado 10 de agosto de iniciar la apertura de antejuicio en su contra por un caso de financiamiento electoral ilícito. Tras un repliegue estratégico de unos días, el mandatario decidió expulsar a la misión de manera expedita el 31 de agosto. Según un reporte de la revista Insight Crime, días antes el presidente había realizado un viaje secreto a Estados Unidos, en el que podría haber buscado apoyos en Washington para su atrevido movimiento. Las declaraciones del Presidente durante la rueda de prensa del 31 de agosto, en las que aseguró que no acatará resoluciones judiciales ilegales, despertaron fuertes temores en la sociedad Guatemalteca, entre los que no se destaca la posibilidad de autogolpe.
Los eventos ocurridos el 31 de agosto, ponen de manifiesto la profunda crisis de los sistemas democráticos centroamericanos. Los mismos se ven influidos por poderosas corrientes autoritarias y están atravesados por inextricables redes de corrupción, que han logrado cooptar sus instituciones en favor de los intereses de determinados grupos. En Nicaragua, la pareja presidencial formada por Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, han logrado transformar un partido de origen revolucionario como el Frente Sandinista de Liberación Nacional FSLN en un auténtico negocio familiar. Durante este proceso, los antiguos revolucionarios realizaron alianzas con la empresa privada y la Iglesia Católica para garantizar su hegemonía y ampliar su clientela a la oligarquía local. Al mismo tiempo, construyeron un nuevo estado, identificado con el partido y con la pareja presidencial, cuyo carácter autoritario y controlador acabó llevándolos a cometer los terribles crímenes de los últimos meses. Por otro lado, en Guatemala la corrupción está profundamente ligada a un sistema político atomizado, en el que los partidos nacen y mueren con cada proceso electoral y cuya raíz corrupta no ha podido ser extirpada por la CICIG. Con la salida de Perez Molina del poder en 2015, algunos sectores creyeron posible que se abriese un ciclo de regeneración democrática. Sin embargo, la elección como Presidente de Jimmy Morales cerraba esa puerta. Morales llegó a la política guatemalteca como un “outsider”, habiéndose desempeñado anteriormente como humorista televisivo (el programa que protagonizaba tenía un fuerte tufo conservador y el propio Morales representaba personajes con marcado carácter racista). Desde un primer momento se lo consideró un representante de sectores militares y ultraderechistas, con un largo historial de corrupción a sus espaldas. De esta forma, se cerraba la posibilidad de comenzar un proceso de regeneración nacional.
En Honduras la situación es también complicada. El autoritario Juan Orlando Hernandez es ampliamente percibido como un gobernante ilegitimo, por haber sido reelecto de manera ilegal y en un proceso electoral que fue calificado por la OEA como de baja calidad. Tras el golpe de estado de 2009, Honduras sufrió un proceso de descomposición de su sistema político y social, que lo llevó a convertirse en el país más violento del mundo en 2012, y en la principal ruta del narcotráfico, que hundió sus raíces con firmeza en el sistema político. La degradación del sistema se ha manifestado en eventos como las revueltas tras el (fraudulento) proceso electoral de 2017, que provocaron decenas de muertes. Tras estas protestas, el ya marcado carácter autoritario del régimen se vio intensificado. La violencia política campa a sus anchas en el país, donde casos como el asesinato de la ambientalista Berta Cáceres van camino de terminar en la impunidad. El 31 de agosto también se produjeron acontecimientos dramáticos en Honduras, cuando se conoció que dos estudiantes de secundaria hallados ejecutados en Tegucigalpa habían sido detenidos horas antes por la policía. Ambos habían participado recientemente en protestas contra el gobierno. Por otra parte, y al igual que en Nicaragua y Guatemala, la problemática de corrupción e impunidad es generalizada en Honduras. En 2015, en respuesta a una serie de protestas en el país, se creó una misión similar (aunque algo descafeinada) a la CICIG, conocida como Misión Internacional Contra la Corrupción e Impunidad en Hondura – MACCIH, dependiente de la Organización de Estados Americanos – OEA. Desde su creación, la MACCIH ha pasado por un tortuoso viaje, en el que ha tenido que enfrentar la oposición a su trabajo de los poderes públicos. La presentación de investigaciones que implican a altos funcionarios, incluyendo las familias del actual presidente y de su antecesor, han puesto en la mira del gobierno a la MACCIH, cuya estructura debe ser fortalecida para lograr resultados palpables. Sin embardo, la coyuntura actual en la región debilita su posición, especialmente tras la decisión tomada por Morales en Guatemala.
También se observan señales preocupantes en Costa Rica, un país que tradicionalmente se ha considerado la excepción en la región. El malestar se hizo patente este año, cuando un candidato de derecha dura, vinculado al evangelismo más recalcitrante paso a la segunda vuelta presidencial y casi se hace con el poder. Además, la masiva salida de nicaragüenses huyendo de la violencia y represión en su país ha provocado una oleada xenófoba en Costa Rica, que amenaza con quebrar el estatus quo de un país que aún se vanagloria de no tener fuerzas armadas.
En El Salvador el gobierno del izquierdista Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional FMLN hace frente a una fuerte crisis económica, al tiempo que el país se hunde en la violencia de las maras. A pesar de esto, y a diferencia de los casos anteriores, no se prevén tumultos políticos en los próximos meses, aunque parece inevitable la salida del FMLN, que actualmente está hundido en las encuestas.
Para rematar una crítica situación en la región, el contexto internacional no es muy favorable. Elementos como la crisis política permanente en Venezuela o el “factor Trump” no invitan al optimismo. La dramática situación política en Nicaragua es una seria advertencia sobre lo que podría ocurrir en otros países de la región. La crisis está en marcha y los próximos meses serán decisivos para el futuro de la región.
lunes, 3 de septiembre de 2018
martes, 7 de agosto de 2018
Que se abra más la caja de pandora en Honduras
Publicado en Expediente Público
El 13 de junio la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), en conjunto con la Unidad Fiscal Especial Contra la Impunidad y la Corrupción (UFECIC), presentó ante las autoridades hondureñas una amplia investigación sobre corrupción conocida como el caso «Pandora».
El caso revela la desviación de fondos de la Secretaría de Ganadería y Agricultura (SAG) destinados a apoyar a mujeres en situación de pobreza, para financiar campañas políticas y engordar los bolsillos de los implicados durante las elecciones de 2013.
La investigación implica tanto a miembros del gobernante Partido Nacional, como del opositor Partido Liberal y al partido FAPER. Entre los 38 imputados hay caras conocidas como Elvin Santos, destacado líder del Partido Liberal y empresario de la construcción, con vínculos comerciales con las últimas administraciones nacionalistas. También vincula a veteranos diputados nacionalistas como Rodolfo Irías Navas (siete periodos en el Congreso) y a Celín Discua (cinco periodos). También fue acusado Jean Marie de Peyrecave, viudo de Hilda Hernández, hermana del Presidente Hernández, fallecida en un accidente de helicóptero a finales de 2017. En los últimos días se vinculó al caso a la actual primera dama de Honduras Ana García, que habría recibido más de 60 mil dólares a través de cheques emitidos por una de las empresas vinculadas al caso.

Una historia sin fin
Honduras arrastra un grave problema de corrupción desde su nacimiento como República. A principios del siglo XIX, las dinámicas geopolíticas coloniales y poscoloniales dejaron al país en una situación de debilidad, en la que se configuró una nefasta relación entre una reducida élite política criolla y los «inversores internacionales», basada en el tráfico de influencias y la opacidad. Durante las primeras décadas del siglo XX, el país se convirtió en un enclave para compañías bananeras estadounidenses, que hacían y deshacían gobiernos a su antojo. En aquellos años, un empresario bananero llegó a afirmar que «en Honduras una mula vale más que un diputado», haciendo referencia al alto grado de corrupción existente en aquella época. Con posterioridad, el país se vio golpeado por otras dinámicas internacionales como la guerra fría, la guerra a las drogas o el neoliberalismo, que no permitieron un desarrollo democrático de sus instituciones.
Llegado el siglo XXI, Honduras padeció una severa crisis política como consecuencia del golpe de Estado del 28 de junio de 2009, que derrocó al gobierno de Manuel Zelaya Rosales. Tras esta ruptura del orden democrático, el sistema político hondureño, basado en el bipartidismo entre el Partido Nacional y el Partido Liberal, entró en un proceso de descomposición. El resultado fue un gobernante Partido Nacional fortalecido electoralmente, que vio la oportunidad de inaugurar un periodo de hegemonía política en el país.
Pasados 9 años de gobiernos nacionalistas, tres procesos electorales altamente cuestionados y una crisis poselectoral a finales de 2017 y a principios de 2018 que dejó más de 30 muertos, la hegemonía nacionalista muestra algunos signos de desgaste. Sin duda la indignación social contra la corrupción podría llegar a determinar el destino político del país en los próximos años.
Para tratar de arrojar algo de claridad sobre la maraña de corrupción e impunidad que actualmente impera en Honduras, es necesario analizar por separado varios aspectos clave del fenómeno: el alcance y lamagnitud de los casos de corrupción en Honduras; el marco legal y el contexto político que favorecen la impunidad; y, los factores de quiebre del sistema de impunidad imperante en el país.

Alcance y magnitud de casos de corrupción en la Honduras actual
No es posible realizar una medición exacta de la magnitud de la corrupción en Honduras. Sin embargo, desde organizaciones de sociedad civil se han realizado diferentes ejercicios para tratar de darle un valor estimado. La organización FOSDEH cifra en un 4.5% del PIB el valor de los recursos que pierde el Estado por culpa de la corrupción cada año.
Para dar un panorama más claro al respecto se hace una breve referencia a los principales casos de corrupción revelados en los últimos años, que sin duda solo representan una pequeña muestra de lo que podría estar ocurriendo en el país, dadas las limitadas capacidades investigativas existentes:
Desfalco del Instituto Hondureño de Seguridad Social - IHSS
El desfalco del IHSS consiste en una trama de corrupción con múltiples ramificaciones, que supuso la sustracción de unos 200 millones de dólares de esta institución. El modus operandi de esta trama se basó en la utilización de empresas fantasmas para realizar cobros por bienes y servicios inexistentes, o la sobrevaloración de bienes y servicios realmente prestados. El propio presidente Juan Orlando Hernándezreconoció públicamente que su campaña electoral de 2013 se financió parcialmente con fondos provenientes de este desfalco, sin mayores consecuencias jurídicas.
Este caso ha sido investigado por el Consejo Nacional Anticorrupción y varios de sus responsables guardan prisión. La sociedad hondureña respondió con indignación ante estas revelaciones, y en mayo de 2015 se creó el conocido «movimiento de los indignados», quienes se movilizaron durante varios meses en las llamadas «marchas de las antorchas».
Entre las exigencias de ese movimiento destacó la instalación de una misión internacional de apoyo al Poder Judicial para luchar contra la corrupción, liderada por Naciones Unidas, a imagen y semejanza de la Comisión Internacional Contra la Corrupción y la Impunidad en Guatemala (CICIG).
La magnitud y frecuencia de las protestas llevó al gobierno de Hernández a negociar con la Organización de Estados Americanos la instalación de la MACCIH en 2016, cuyo mandato y competencias, aunque mucho más limitados que los de la CICIG, sin duda suponen un importante paso en la lucha contra la corrupción en Honduras.
Astropharma
Este caso reveló una trama que se dedicó a la venta de medicamentos de mala calidad (en algunos casos se trataba de cápsulas de harina) por parte de la empresa Astropharma al sistema de salud publico hondureño. La empresa en cuestión es propiedad de Lena Gutiérrez, vicepresidenta del Congreso Nacional durante las administraciones de Pepe Lobo y parte de la de Juan Orlando Hernandez. En todo momento, el Partido Nacional apoyó firmemente a la señora Gutiérrez, que estuvo en arresto domiciliario al mismo tiempo que seguía siendo vicepresidenta del Congreso. Uno de los testigos protegidos del caso sufrió unatentado en 2015, cuando recibió cinco disparos, uno en la cabeza. En febrero de 2018, la señora Gutiérrez quedó en libertad por resolución de la Corte Suprema de Justicia, que continua con el proceso judicial en su contra.
Caso Red de Diputados
El caso conocido como Red de Diputados fue presentado por MACCIH-UFECIC a los tribunales hondureños en diciembre de 2017, en plena crisis postelectoral. La investigación presentada reveló la existencia de una Red de Diputados que se apropió ilegalmente de fondos públicos destinados a proyectos sociales que fueron desviados para uso personal. Cuatros diputados y una diputada se valieron de una ONG que recibía fondos para proyectos sociales de la Secretaría de Finanzas y del Congreso Nacional. Los cinco diputados pertenecían a partidos opositores al gobierno, y en 2016 votaron en el Congreso Nacional a favor del nombramiento de varios magistrados para la Corte Suprema de Justicia propuestos por el gobierno de Juan Orlando Hernández, en la mayoría de los casos en contra de la disciplina de partido.
Meses más tarde, estos mismos magistrados dieron al Presidente Hernandez el aval jurídico necesario para presentarse a la reelección, en violación flagrante de lo establecido en la constitución hondureña. De los diputados vinculados a esta trama, dos de ellos fueron expulsados de su bancada y partido (LIBRE) tras aquella votación para nombrar a los nuevos magistrados de la Corte Suprema. Otro de ellos fue expulsado de la Democracia Cristiana.
Con posterioridad, se supo que la investigación realizada por la MACCIH–UFECIC alcanzaba a muchos más diputados. En declaraciones a un medio de comunicación español, el entonces vocero de la MACCIH afirmó que podría afectar a unos 140 diputados, en lo que calificó como una «vasta red».
Lamentablemente, este caso acabó siendo archivado por la jueza que lo estaba conociendo, quien trasladó acciones al muy politizado Tribunal Superior de Cuentas (TSC) y dejó en libertad a los acusados. Todo ello se realizó bajo el amparo de la recién aprobada Ley de Presupuesto para 2018, sobre la que se darán más detalles posteriormente.
La caja chica de la dama
En este caso está directamente involucrada la exprimera dama y esposa de Porfirio Lobo (2010-2014), Rosa Elena Bonilla. La investigación presentada por la MACCIH–UFECIC en febrero de 2018, reveló la existencia de una trama que operó entre 2011 y 2014, mediante el desvío de fondos destinados a obras sociales y manejados por la oficina de la primera dama por un valor de 16 millones de lempiras (más de 600 mil dólares).
La reacción del expresidente Lobo a la detención de su esposa no se hizo esperar. En una llamada realizada a uno de los programas de debate político más populares del país, aseguró que cinco personas con mucho poder en Honduras se reunieron en casa presidencial y decidieron entregar a su esposa como «ofrenda» a una MACCIH en crisis tras la salida del anterior vocero Juan Jiménez Mayor. Unos días antes, el gobierno hondureño había procedido a embargar bienes a la exprimera dama, encontrando al entrar en su vivienda en Tegucigalpa, 16.7 millones de lempiras en efectivo. Una cantidad casi idéntica a la que se le acusa de sustraer en la investigación presentada en su contra. En los meses posteriores, y con la atención mediática más centrada en otros asuntos, una Corte de Apelaciones hondureña redujo el peso de las acusaciones contra la señora Bonilla al recalificar los delitos imputados y le devolvió todos los bienes embargados. El caso sigue en marcha.
Caso Pacto de Impunidad - Fe de erratas
Este caso, presentado en marzo de 2018 por la MACCIH, tiene relación directa con el archivo del proceso conocido como «Red de Diputados». Su origen está en la aprobación de la Ley de Presupuesto de 2018 en enero de 2018. Esta ley, siguiendo el proceso legislativo común, fue sometida a aprobación por el Congreso y posteriormente fue publicada en el diario oficial La Gaceta. La sorpresa surgió cuando la versión publicada en este diario contenía una disposición que no fue votada en el Congreso, según afirmó la MACCIH tras revisar exhaustivamente los videos de la sesión parlamentaria correspondiente.
Dicha disposición ordenaba al Tribunal Superior de Cuentas realizar una auditoría de tres años de duración y que cubriría todos los fondos públicos gestionados, recibidos, administrados y ejecutados por servidores públicos, Congreso Nacional y otras entidades entre los años 2006 y 2018. Además, establecía que, durante ese periodo de tres años de auditoria, no procedería «ninguna acción judicial para reclamar ningún tipo de responsabilidad, ya sea esta administrativa, civil o penal». De esta forma y como se comentó anteriormente, se estaba cerrando la posibilidad de que desde la MACCIH se presentasen más investigaciones sobre corrupción, ya que su mandato terminaría antes del fin de la auditoria. Aunque posteriormente se publicó una «fe de erratas» en La Gaceta, se mantuvo el precepto introducido con algunas modificaciones en su redacción.
En el caso «fe de erratas», la MACCIH presentó acusación contra siete diputados (uno de ellos Secretario del Congreso) y una exparlamentaria por manipulación del texto legal efectivamente aprobado en el Congreso. Es importante señalar que la citada exparlamentaria, Ana Joselina Fortín, en su momento diputada del opositor PAC, también votó en 2016, contraviniendo la disciplina de partido, en favor de la nueva Corte Suprema de Justicia que acabaría permitiendo la reelección de Juan Orlando Hernández. Este proceso lleva meses pendiente de una resolución judicial al respecto, que ha sido retrasada inexplicablemente.
Como respuesta a este proceso, el pleno del Congreso Nacional, con los votos a favor del Partido Nacional y sus aliados, emitió una declaración afirmando la falsedad de las acusaciones contra los diputados encausados. En julio de 2018 el Secretario del Congreso e imputado por este caso Tomás Zambrano, presentó una moción para reformar la Ley Orgánica del Poder Legislativo para facultar a los secretarios del Congreso Nacional a modificar el contenido de lo aprobado y ratificado por el pleno de parlamentarios. La moción fue aprobada.

Caso Pandora
Se trata del último caso presentado pciamiento ilegal de campañas políticas en 2013 y varios casos de enriquecimiento personal. Entre los acusados figuran algunos de los diputados nacionalistas con mayor antigüedad en el Congreso, un exalcalde nacionalista preso por vínculos con el narcotráfico, un recientemente fallecido exministro de finanzas de Porfirio Lobo, y un cuñado del Presidente Hernández. También aparecen señalados destacados líderes opositores como Elvin Santos del Partido Liberal.
Así, se revelaba que fondos provenientes de una administración del Partido Nacional fueron a parar a las arcas del Partido Liberal y de sus dirigentes, en un momento (2013) en el que se produjo un pacto político entre el Partido Nacional y Liberal para marginar de instituciones clave como el Ministerio Público, el Registro Nacional de las Personas o el Tribunal Supremo Electoral a los opositores y emergentes partidos LIBRE y PAC.
Tras la presentación del caso a las autoridades competentes, los tribunales hondureños analizaron la información recibida y no procedieron de forma inmediata a la captura de los acusados. Las órdenes de captura fueron emitidas un mes después de presentado el caso, como resultado de las presiones del gobierno estadounidense, que horas antes había hecho pública la retirada de la visa a la jueza Alma Guzmán, por haber liberado a los acusados del caso «red de diputados».
La mayoría de los acusados se presentó de forma voluntaria ante el tribunal que, tras una audiencia inicial de varios días de duración, decidió dejar en libertad con cargos a todos los procesados, con la excepción del señor Jacobo Regalado, a quien se le dictó prisión preventiva. En la misma resolución, la jueza eliminó la acusación por lavado de activos (el delito más grave que se imputaba a los acusados), y la sustituyó por el delito de encubrimiento, con una pena mucho más baja.
El 27 de julio, un medio de comunicación hondureño informaba de la existencia de un supuesto nuevo requerimiento fiscal en el marco de este caso, que ya estaría en manos del Ministerio Publico y en el que se acusaría a otros 54 congresistas y ex congresistas. Según la información difundida, los diputados serian miembros del Partido Nacional (31 congresistas), Partido Liberal (12 congresistas), Partido Libre (8 congresistas), Democracia Cristiana (2 congresistas) y Unificación Democrática (1 congresista).
Otros:
Los casos mencionados hasta ahora solo son una muestra de lo que podría estar ocurriendo en el país. En los últimos años, se han multiplicado las revelaciones de nexos directos entre el crimen organizado y las instituciones públicas. Hay alcaldes presos por narcotráfico, como el de Yoro. Otros tienen orden de captura y están fugados, como el de El Paraíso, Copán, que durante la última campaña electoral se dio el lujo departicipar en un acto proselitista en favor de su testaferro y actual alcalde del municipio, durante el cual mostró su apoyo incondicional a la reelección del presidente Hernández.
Desde tribunales de Estados Unidos, narcotraficantes de la organización criminal conocida como «Los Cachiros» han vinculado con sus actividades al actual Ministro de Seguridad, al alcalde de San Pedro Sulay a varios políticos del más alto nivel. También han sido señalados públicamente por vínculos con el crimen organizado el hermano del presidente Hernández y el expresidente Pepe Lobo, cuyo hijo cumple condenapor narcotráfico en Estados Unidos y en cuyo gobierno el crimen organizado recibió jugosos contratos públicos.
Existen además en el país numerosos conflictos relacionados con las licencias otorgadas por el gobierno para la explotación de recursos naturales, en cuya administración se observa altos niveles de opacidad y favoritismo. El asesinato de la líder indígena Berta Cáceres fue precisamente en el contexto de su oposición a uno de estos proyectos. El caso está siendo investigado por la MACCIH.

Marco legal y contexto político que favorecen la impunidad
La corrupción en Honduras constituye un fenómeno estructural, con gran afectación en todos los poderes del Estado. Ya se han mencionado algunas de las causas de este fenómeno, relacionadas con la historia del país y sus últimas crisis políticas. A estas es fundamental añadir una nueva clave: un marco legal inadecuado para la lucha contra la corrupción e impunidad.
Ya se ha hecho referencia a algunas de estas normativas, como la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, o la Ley de Presupuesto de 2018, pero también existen otras como la «Ley de Secretos», la Ley Especial del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, la Ley de Promoción de Alianzas Público-Privadas,o la Ley del Programa Voluntario de Rescate, Promoción y Fomento del Sector de las Comunicaciones, que contienen aspectos sumamente preocupantes y que podrían estar dando cobertura a sectores corruptos de la clase política hondureña.
Es evidente que la clase política gobernante en Honduras no quiere remover el avispero de la corrupción, ni ve con buenos ojos el trabajo que se realiza desde la MACCIH o el CNA. El diputado nacionalista y vicepresidente del Congreso Nacional Antonio Rivera Callejas ya dijo públicamente el pasado enero que «la MACCIH quiere desestabilizar el país».
Prueba de la falta de aprecio de la clase política hacia la MACCIH es la sobresaltada (y breve) vida de la institución. La presentación de un recurso de inconstitucionalidad contra su convenio de creación, interpuesta por el Secretario del Congreso, Tomás Zambrano, es un caso paradigmático de este tipo de «sobresaltos». Aunque finalmente la Corte Constitucional emitió un pronunciamiento verificando la legalidad del convenio, el fallo contiene varias disposiciones entre sus considerandos que podrían poner en peligro su viabilidad y capacidad de actuación.
La salida del anterior vocero Juan Jiménez Mayor, estuvo precedida de fuertes presiones y acciones en su contra. Él mismo denunció que sectores corruptos habían contratado un bufete de abogados para tratar de deslegitimarlo, vinculándolo al escándalo Odebrecht en Perú, su país natal. La salida de Jiménez Mayor fue amarga, y aunque los dardos lanzados por el exvocero fueron dirigidos al Secretario General de la OEA Luis Almagro, sin duda los enemigos internos que tenía en Honduras pesaron mucho sobre su salida.
El nombramiento de un sustituto a Jiménez Mayor se produjo varios meses después de su salida, debido a la actitud de bloqueo del gobierno de Hernández, a pesar de que desde la OEA se propuso con rapidez el nombramiento en el cargo del brasileño Luiz Antonio Marrey Guimaraes. El nombramiento del nuevo vocero se produjo de forma simultánea a la firma de una carta de 10 puntos entre la OEA y el gobierno de Honduras, que desde algunos sectores de sociedad civil se teme pueda suponer una limitación al mandato de la MACCIH.

Factores de quiebre del sistema de impunidad imperante en el país
La problemática de la corrupción, como fenómeno estructural al interior de la sociedad y el estado hondureño, presenta diversos factores de quiebre que, en los próximos años y si se combinan de forma adecuada, podrían llevar a un cambio positivo en el país.
El primero de estos factores de quiebre lo constituye la movilización ciudadana contra la corrupción. La movilización de los indignados de 2015 constituye todo un referente al respecto. La capacidad de las y los hondureños de replantearse sus estrategias de movilización y lograr hacer presión ante instituciones y partidos políticos será la clave fundamental de la deriva del país.
Otro factor de quiebre fundamental será el trabajo que se realice desde organismos clave como la MACCIH–UFECIC y el CNA, así como desde los medios de comunicación independientes. La presentación de nuevos casos de corrupción puede servir como revulsivo para la movilización social, y para presionar al gobierno para que reforme el marco legal existente y tome medidas contra los corruptos. La importancia de este factor en el actual panorama supone una fuerte debilidad de cara a avanzar en el proceso de cambio necesario, ya que la existencia de la MACCIH está muy vinculada a la propia voluntad del gobierno de renovar su convenio una vez se venza el periodo de vigencia inicial. Además, y más allá de la importancia de los casos presentados por la MACCIH, la dependencia del sistema de justicia hondureño de un organismo internacional supone una réplica de anteriores modelos de dependencia externa.
Para lograr un impacto sostenible del trabajo de la misión, será fundamental avanzar en la independencia de instituciones clave del sector justicia como el Ministerio Público y el Poder Judicial. Lamentablemente, el panorama político actual no es proclive a que se produzcan este tipo de reformas, como lo pone de manifiesto el proceder de los poderes públicos descrito en este artículo.
Un tercer factor de quiebre de este sistema lo constituyen las presiones que los socios internacionales de Honduras realicen sobre el Estado para lograr las reformas necesarias. Sin embargo, es evidente que las relaciones políticas, económicas y militares que tiene Honduras con su principal socio, Estados Unidos, están basadas en muchas más consideraciones que la lucha contra la corrupción (relaciones comerciales, lucha contra el narcotráfico, consideraciones geopolíticas…).

Conclusiones
La corrupción en Honduras, como fenómeno estructural, ha crecido en los últimos años y alcanza a la mayor parte de las instituciones del Estado. Existe todo un proceso de concentración de poder alrededor de la Presidencia de la República, dirigido inicialmente a dar una legitimación jurídica a la reelección presidencial, y que ha generado un modelo de Estado autoritario y opaco. El propio entorno del Presidente Hernández está salpicado por la corrupción (recordemos el caso de su cuñado, su hermano y su esposa comentados anteriormente).
Además, se observa que miembros de partidos opositores están involucrados en tramas corruptas, en las que supuestamente habrían recibidos fondos públicos con origen en el poder ejecutivo en el momento exacto en que sus partidos realizaban alianzas políticas con el gobierno (vinculadas al nombramiento de una nueva Corte Suprema de Justicia, nuevo Fiscal General, y nuevas autoridades del Registro Nacional de las Personas y el Tribunal Supremo Electoral).
La maraña de intereses existentes, la inestabilidad política imperante a nivel nacional y regional y la incertidumbre sobre el futuro de las relaciones internacionales en la era Trump, dibujan un panorama poco claro para Honduras. Parece evidente que solo una potente movilización social logrará sacudir los cimientos en los que se asienta el fenómeno de la corrupción en Honduras.

lunes, 29 de enero de 2018
Honduras: consumación de un sangriento fraude electoral
Publicado en Publico.es
Javier San Vicente Maeztu
Activista en defensa de los derechos humanos
Activista en defensa de los derechos humanos
Tal y como ocurrió durante el golpe de Estado de 2009, Honduras ha sido abandonada a su suerte. El 27 de enero de 2018, el ilegal candidato y flamante nuevo dictador Juan Orlando Hernández tomaba posesión de un nuevo mandato en Tegucigalpa, sin la presencia de un solo jefe de Estado extranjero. De esta forma se consolida el fraude electoral ejecutado el 26 de noviembre de 2017 y la impunidad de sus perpetradores. También queda impune el uso excesivo de la fuerza en contra de la oposición a la dictadura, que ha causado al menos 36 muertos desde la celebración de las elecciones. Una vez más, quedó evidenciado que la prioridad en las relaciones internacionales no es ni la democracia ni los Derechos Humanos.
De esta forma, Juan Orlando Hernández se aferra al poder a pesar de las abrumadoras pruebas del fraude electoral. De nada sirvieron los minuciosos análisis sobre el proceso de transmisión de resultados del Tribunal Supremo Electoral tras las elecciones, que incluyeron un estudio realizado por la revista The Economist y otro encargado por la Organización de Estados Americanos (OEA) a un conocido académico estadounidense, y que corroboraron la imposibilidad estadística del cambio de tendencia que se produjo tras una misteriosa caída del sistema informático de conteo, certificando la victoria del opositor Salvador Nasralla en el nivel presidencial.
La presencia de dos misiones de observación electoral MOE no pudo evitar la consumación del fraude. La MOE de la Unión Europea, acabaría emitiendo una tibia declaración, en la que se identificaban diversas irregularidades, y que fue complementada por unas ambiguas declaraciones de su jefa de misión en las que afirmaba que el mandato de este organismo no era avalar o dejar de avalar resultados. Por otro lado, la MOE de la OEA emitió un informe mucho más contundente, en el que se verificaban diversas irregularidades, se manifestaba la imposibilidad de asegurar quien había ganado las elecciones y se recomendaba repetir los comicios a nivel presidencial. Sin embargo, en enero de 2018, la OEA, sin dar explicación alguna y a través de un comunicado en su página web, decidía reconocer a Juan Orlando Hernandez como ganador, dando carpetazo al asunto. No es casualidad que estas misiones electorales sean ampliamente cuestionadas, más cuando se dan casos como el de las elecciones de Kenia de 2017, en el que quedó patente su inutilidad.
La poca relevancia de las MOE quedo patente cuando, pese a las recomendaciones del informe de la OEA, el gobierno Trump reconoció a Juan Orlando Hernández como ganador. Posteriormente harían lo propio los gobiernos de España, Colombia y Guatemala entre otros. Fue especialmente llamativo la rapidísima felicitan a Hernandez por parte del gobierno de Israel, que a las pocas horas tuvo como réplica el reconocimiento por parte de Honduras de Jerusalén como nueva capital de la nación hebrea, contraviniendo el derecho internacional en la materia.
Sin duda el contexto político regional favoreció el rápido reconocimiento por parte de las grandes potencias del cuestionado triunfo de Juan Orlando. Durante 2018 existe altas probabilidades de que sean elegidos gobernantes alineados a la izquierda en varios de los países más importantes de Latinoamérica. En México, parece inevitable una victoria arrolladora de Andrés Manuel López Obrador; en Brasil Lula da Silva es el candidato con mayores posibilidades de hacerse con la presidencia, siempre que no se vete su candidatura por la vía judicial; y en Colombia, el escenario político posterior a los acuerdos de paz con las FARC podría llevar a la presidencia a nuevas opciones políticas. La reversión de un fraude electoral en Honduras podría ser visto como un peligroso precedente para la región.
Lo que hoy es evidente es que Juan Orlando Hernandez está dispuesto a todo para seguir en el poder. La indignación de la población se ha sentido con fuerza en las calles, donde han vuelto a multiplicarse las manifestaciones y tomas de carreteras y vías públicas. La represión que se ha desencadenado ha sido sangrienta y claramente dirigida a causar terror entre la población, para lograr detener las protestas. Durante las últimas semanas se ha podido ver a la Policía Militar gaseando al ex presidente Zelaya, golpeando a diputados opositores y violentando a periodistas nacionales (UNEtv) e internacionales (Hispantv y Univisión). Además, manifestantes han sido asesinados en diversos puntos del país, y se han producido ejecuciones de persona que han estado vinculadas a las protestas. La utilización de bala viva por parte de fuerzas militares para disolver manifestaciones pacíficas, que ha sido condenada expresamente por las Naciones Unidas, ha sido sistemática. Algunos departamentos del país han sido militarizados como si se estuviese viviendo un conflicto armado en toda regla.
El 27 de enero, durante la fraudulenta toma de posesión de Juan Orlando Hernández la violencia policial y militar volvió a desatarse a lo largo y ancho del país. Los próximos 4 años serán muy complicados para Honduras. La violencia contra la oposición se intensificará, y seguirán siendo comunes crímenes como el cometido contra la líder indígena y ambientalista Berta Cáceres. La corrupción y la degradación de la vida política seguirá creciendo. La desfachatez de las actuales autoridades llega a tales extremos, que aprovechando la tramitación del presupuesto del ejecutivo para 2018 se introdujo una reforma legal que arrebató sus facultades investigadoras al Ministerio Público (fiscalía) para investigar casos de corrupción. Ante estos hechos, la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras, vinculada a la OEA, denuncio la existencia de un auténtico pacto de impunidad en el país. La primera consecuencia de dicho pacto fue la liberación inmediata de varios diputados acusados de recibir fondos del Estado a cambio de su voto. El nombramiento hace unos días de un nuevo jefe de la Policía Nacional, señalado por una investigación de Associated Press de trabajar para el narcotráfico, solo constituye un ejemplo más de la naturaleza de un régimen que actúa más como una banda criminal que como un verdadero gobierno.
jueves, 7 de diciembre de 2017
Honduras: entre el fraude electoral y la insurrección popular
Publicado en Publico.es
Javier San Vicente Maeztu
Activista en defensa de los derechos humanos
Activista en defensa de los derechos humanos
El 26 de noviembre se celebró un proceso electoral en Honduras del que, pasada una semana, todavía no se conocen resultados definitivos. A nivel presidencial, las elecciones enfrentaban al actual presidente Juan Orlando Hernandez JOH, del derechista Partido Nacional con Salvador Nasralla, de la Alianza Opositora contra la Dictadura, que reúne sectores de la izquierda y el centro políticos. El ambiente político en el que se realizó la votación fue de altísima polarización, alimentada por la candidatura a la reelección de Juan Orlando, considerada ilegal e inconstitucional por amplios sectores.
La lentitud en el escrutinio de votos por parte del Tribunal Supremo Electoral, sumado a las dudas sobre la limpieza de los comicios, provocó que la tensión estallase a mediados de la semana siguiente a las elecciones. Y es que el sistema de conteo no ofreció resultados hasta pasadas más de 10 horas de cerradas las urnas, dando en su primer reporte una ventaja de 5% al candidato Nasralla. Posteriormente el sistema se detuvo, se “cayó”, y cuando volvió a funcionar la tendencia se revirtió, dando ventaja a Juan Orlando Hernandez.
Ante esta situación, la oposición denunció una operación de fraude electoral en marcha. Se produjeron revueltas por todo el país, seguidas de una fuerte represión protagonizada por militares y policías. Según organizaciones defensoras de los derechos humanos, para el sábado 4 de diciembre ya se contabilizaban al menos 14 personas fallecidas y decenas de heridos.
El ambiente insurreccional derivó el viernes hacia acciones de saqueo y destrucción de negocios. El estado de Honduras había perdido el control sobre la situación. Esa misma noche, el gobierno anunciaba la suspensión de garantías constitucionales y se decretaba un toque de queda de 6 pm a 6 am durante 10 días. A partir de este anuncio, militares y policías redoblaron la brutalidad de la represión, atacando con bala viva a personas desarmadas por el mero hecho de encontrarse en la calle.
Para comprender las causas profundas de esta crisis hay que remontarse a lo ocurrido el 28 de junio de 2009, cuando el entonces presidente Manuel Zelaya Rosales fue derrocado mediante un golpe de estado cívico-militar. Entonces, los mismos sectores que hoy apoyan la reelección de Juan Orlando justificaron la asonada aduciendo que Zelaya había violentado la constitución al iniciar un proceso de consulta para convocar una asamblea nacional constituyente en la que, hipotéticamente, se daría luz verde a la reelección presidencial. En opinión de Wilfredo Mendez, Director Ejecutivo del Centro de Investigación y Promoción de los Derechos Humanos (CIPRODEH), “desde 2009 el pueblo hondureño tuvo un despertar en su conciencia política extraordinario”.
De esta manera, el golpe de Estado supuso el principio del fin de un sistema bipartidista y corrupto, permitiendo la entrada en política de amplios sectores de la sociedad hondureña hasta entonces totalmente excluidos del sistema político. Según Mendez, “en las elecciones de 2013 la sociedad hondureña rompió con un bipartidismo de más de 100 años”, al votar masivamente por dos nuevos partidos que acabarían uniéndose en la Alianza Opositora contra la Dictadura en 2017: Partido Libertad y Refundación (LIBRE) y Partido Anticorrupción (PAC), en unos comicios que también estuvieron marcados por las denuncias de fraude y robo de elecciones en contra de LIBRE, que según datos oficial se convirtió en el segundo partido más votado.
La llegada de Juan Orlando Hernández a la presidencia en 2014 frustró de esta forma las ansias de cambio de una buena parte de los hondureños. Para Méndez, “Juan Orlando Hernandez gobernaba ya desde la presidencia del Congreso Nacional en la legislatura de Porfirio Lobo (2009-2013)”, con lo que su llegada a la jefatura del estado fue la culminación de una estrategia muy bien calculada e implementada. Los cuatro años de su presidencia han estado marcados por una degradación de la vida política del país, en los que la corrupción, la opacidad y la concentración de poder alrededor del presidente han sido notorios.
En este contexto, se han producido múltiples revelaciones sobre los nexos entre dirigentes del Partido Nacional y el crimen organizado. Varios alcaldes nacionalistas fueron acusados de narcotráfico, algunos están fugados, otros presos y otros fueron extraditados. Además, un importante narcotraficante hondureño ha realizado acusaciones directas ante una corte federal de Nueva York en la que implica en el tráfico de cocaína al anterior presidente del país Porfirio Lobo, a su hijo, al Secretario de Seguridad de Juan Orlando, al alcalde de San Pedro Sula y a varios dirigentes del Partido Nacional cercanos al presidente. Además, este criminal acusó al hermano de Hernández de haber recibido dinero de su organización criminal para intermediar con el gobierno y de haber conspirado junto a otros narcotraficantes para atentar contra la vida del ex embajador de Estados Unidos en Honduras James Nealon. Ninguna de estas revelaciones ha tenido consecuencia alguna, y la mayor parte de los acusados se mantienen en puestos de poder dentro del Estado y el Partido Nacional.
Durante estos años también se han revelado múltiples escándalos de corrupción. El más paradigmático lo constituye el desfalco del Instituto Hondureño del Seguro Social (IHSS), en el que el propio presidente ha reconocido que una parte de los fondos sustraídos fueron utilizados en su campaña electoral de 2013. En el marco de este caso llegó a descubrirse que un laboratorio farmacéutico vinculado a una vicepresidenta del Congreso Nacional había venido al IHSS pastillas compuestas de harina haciéndolas pasar por medicinas y cuya utilización habría causado la muerte de al menos tres mil personas. Al mismo tiempo que la líder nacionalista cumplía arresto domiciliario en su casa a la espera de sentencia, uno de los testigos protegidos del caso sufrió un atentado del que sobrevivió milagrosamente.
La concentración de poderes del Estado ha sido otra de las estrategias de JOH. Durante estos años el presidente logró renovar a todos los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, en un proceso que acabó en una oleada de transfuguismo entre los partidos de oposición, en el que 13 diputados de LIBRE y el PAC abandonaron la disciplina de partido para dar su voto para la creación de una corte suprema a medida del presidente. Para lograr consolidar el control sobre el resto de poderes del Estado se creó un organismo denominado Consejo de Defensa y Seguridad, en el que según Méndez el presidente logró “tener sometida a la Corte Suprema de Justicia, al Congreso, al Ministerio Público (fiscalía) y otras instituciones”. Como colofón a este proceso en 2013 se creó una nueva unidad del Ejercito denominada Policía Militar de Orden Público, que según Mendez constituye “una fuerza pretoriana a su disposición para obedecer ciegamente a su estructura de poder”, y que ha tenido un papel muy destacado en la represión de las protestas tras las elecciones.
La opacidad ha sido otra de las características del gobierno, que incluso aprobó una legislación que le ha permitido ocultar información sobre el desempeño de las principales instituciones del Estado, incluyendo las encargadas de organizar el actual proceso electoral. Además, en el manejo de fondos públicos se han generalizado prácticas de dudosa legalidad, como la constitución de fideicomisos para el manejo de programas sociales, cuya fiscalización quedó al margen de los mecanismos establecidos por la ley y que podría haber permitido la sustracción de grandes sumas de recursos públicos.
Se podrían mencionar otros muchos aspectos de la gestión de JOH que han generado un gran rechazo entre la sociedad hondureña, como las violaciones de los derechos humanos, la falta de representación de los partidos opositores en los entes garantes de los procesos electorales o los nulos resultados en la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Pero sin duda el punto que más controversia ha causado entre la población ha sido el proceso por el cual el candidato-presidente ha logrado anular los artículos constitucionales que prohibían la reelección presidencial y presentarse como candidato. El primer acto de este proceso tuvo lugar en el Congreso Nacional, en el que, tal como se comentó anteriormente, se dio una autentica oleada de transfuguismo entre los partidos opositores, que permitió la conformación de una corte suprema a la medida del presidente. Posteriormente, el expresidente nacionalista Rafael Leonardo Callejas interpuso un recurso ante la sala constitucional de la Corte para solicitar la anulación de los artículos constitucionales que impedían la reelección, alegando que los mismos vulneraban derechos fundamentales de los expresidentes. La Corte le dio la razón. Mientras la sociedad hondureña asistía perpleja a esta situación, la maquinaria nacionalista se alistaba para lanzar un proceso electoral liderado por Juan Orlando en el que no hubiese posibilidad de derrota.
Según Gerardo Torres, Director Internacional de la Alianza de Oposición, la falta de credibilidad en el proceso electoral es total, a tal punto que “nunca en la historia reciente del país se dieron tantas protestas como en este momento”, lo cual pondría de manifiesto “el profundo rechazo de los hondureños hacia Juan Orlando Hernandez y sus políticas”. Según Wilfredo Mendez, “es el despertar de la conciencia colectiva de los hondureños lo que ha impedido al TSE imponer un fraude que se había venido fraguando desde hace mucho tiempo, la movilización en las calles ha sido extraordinaria, aunque ha tenido que pagarse con vidas”. Continúa comentando que “si Juan Orlando se impone a base de fraude, las violaciones a los derechos humanos se van a incrementar. La prueba clara es este toque de queda con suspensión de garantías constitucionales, que JOH en su afán de imponerse estableció el viernes, y bajo cuya vigencia se ha asesinado, agredido y detenido a personas”.
Al caer la tarde del lunes 4 de diciembre, entraban en huelga de brazos caídos decenas de batallones de la policía antimotines y la Policía Nacional Civil de Honduras, negándose a continuar reprimiendo a la población y calificando de dictador a Juan Orlando. La posibilidad de que se produzcan enfrentamientos entre efectivos policías y militares ensombrece todavía más el ambiente en el país. Mientras las tensiones siguen en aumento, el TSE ha tenido que aceptar a instancia de las Misiones de Observación Electoral de la Unión Europea y de la Organización de Estados Americanos el conteo de más de 5,000 actas electorales, tal como solicitaba la Alianza Opositora. Desde la Alianza, no dudan que este conteo dará la victoria a Salvador Nasralla.
A pesar de la incertidumbre del momento, Wilfredo Mendez no puede dejar de ver con optimismo el futuro de Honduras. “La conciencia del pueblo hondureño se ha fortalecido. Existe un liderazgo juvenil y comunitario que se ha desarrollado mucho en los últimos años. Tenemos esperanza como país”. Tras los eventos de los últimos días, surgen razonables dudas sobre la capacidad de Juan Orlando Hernandez para dirigir un país en el que causa tanta animadversión, y en el que se han aliado en su contra amplios sectores políticos y sociales, que incluyen a todo el espectro de la izquierda, pero también a sectores centristas, y empresariales.
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