Publicado en Dario Público
La historia de Honduras está
plagada de acciones contrarias a la vigencia del estado de derecho. Múltiples
golpes de Estado (el último el 28 de junio de 2009), que han roto la precaria
legalidad existente en el país. A pesar de esta extrema fragilidad, el actual
gobierno del Partido Nacional (presidido por Porfirio “Pepe” Lobo y su delfín y
candidato a la presidencia Juan Orlando Hernández) está batiendo records en
cuanto a autoritarismo y falta de apego a cualquier tipo de procedimiento
legal. Todo con el objetivo de controlar todas y cada una de las instituciones
clave del Estado, promover proyectos que beneficien a grupos poderosos afines y
asegurar la victoria electoral de Juan Orlando Hernández. Pasemos a analizar la
trayectoria de este gobierno desde 2009.
Ya desde la misma elección este
gobierno arrastra vicios de legitimidad. Fue elegido en unos comicios que se
produjeron tras un golpe de Estado, con suspensión de garantías vigente por un
Decreto Ejecutivo promulgado meses antes de su celebración. La oposición
zelayista, que decidió boicotear los comicios, acusó al Tribunal Supremo
Electoral de inflar los datos de participación. Los datos finales del TSE
establecieron que la elección de 2009 fue la de más baja participación desde la
aprobación de la actual constitución en 1981, con un abstencionismo ligeramente
superior al 50%. Es importante recordar que el sistema de conteo falló en la
noche de los comicios y estuvo fuera de servicio durante horas de manera
sospechosa.
Una vez en el poder, el tándem
Lobo-Hernández ha llevado a cabo una arremetida sistemática contra varias
instituciones del Estado. Ente las más memorables podemos citar la remoción
ilegal de todos los magistrados de la Corte Suprema de Justicia menos uno, y el
nombramiento discrecional de sustitutos. Es importante señalar que esta
decisión se produjo tras una resolución de la Corte que declaraba
inconstitucional uno de los proyectos estrella del gobierno: las ciudades
modelo. El magistrado que no se destituyó, Oscar Chinchilla, fue el único en
votar a favor de este proyecto.
Tampoco hay que desdeñar el
trabajo que han venido realizando en el Ministerio Público. Aquí el asalto
estuvo un poco mejor planificado. Aprovechando las múltiples denuncias por
corrupción y abuso de poder en contra del anterior Fiscal General Luis Alberto
Rubí, se creó una Comisión de Intervención del Ministerio Público con el fin de
establecer posibles responsabilidades y depurar la institución. Finalmente las
organizaciones de sociedad civil que participaron en dicha Comisión fueron
marginadas y este proceso solo sirvió para conseguir nombrar un nuevo Fiscal
General. Casualmente fue nombrado para el cargo Oscar Chinchilla, el magistrado
de la Corte que no fue destituido por su fidelidad al gobierno en el caso de
las ciudades modelo. Este hecho es especialmente grave si se tiene en cuenta
que el período del anterior fiscal terminaba en 2014, cuando debía ser elegido
un nuevo fiscal por el Congreso Nacional electo en los comicios del 2013 por un
periodo de 5 años. El tándem Lobo-Hernández pretende que el nuevo fiscal
permanezca en el cargo los próximos 5 años.
Importante es también señalar las
maniobras que nuestra pareja viene realizando para hacerse con el control de
los puestos claves de los organismos de seguridad pública. Una de las medidas
más llamativas para ello ha sido el lanzamiento de un proceso de depuración
policial a cargo de la Dirección de Investigación y Evaluación de la Carrera
Policial, creada ad hoc. Para realizar este trabajo incluso se promulgó una Ley
que otorgaba amplias facultades ejecutivas (con capacidad de remoción de cargos
e incluso de despedir agentes), al flamante nuevo Director de la Policía
Nacional, Juan Carlos “El Tigre” Bonilla. Este individuo fue acusado en el
pasado de haber dirigido escuadrones de la muerte policiales, y en febrero de
este año fue acusado por el anterior Director de la Policía Nacional Ramírez del
Cid de ser responsable del asesinato de su hijo. Dicho proceso de depuración ha
consistido principalmente en la realización de pruebas de confianza a los
agentes, a las que se ha negado a someterse el propio Tigre Bonilla, y cuyos
resultados han sido decepcionantes. Al mismo tiempo que se realizaba este
proceso, se multiplicaban las denuncias sobre la existencia de escuadrones de
la muerte parapoliciales que estarían asesinando jóvenes por todo el país.
Estas denuncias no parecen ser una prioridad investigativa. Por último, el
ejecutivo actual está en proceso de formar una nueva unidad de “élite” conocida
como TIGRES. Se trataría de un hibrido policial-militar que ya ha sido
denunciado por organismos defensores de derechos humanos como un retroceso tremendo
en materia de derechos humanos. Siendo una unidad creada por el actual
gobierno, es de esperar que presente una especial fidelidad a éste y esté
dirigido por personas de confianza del tándem Lobo-Hernández.
Pero no acaban ahí los abusos
cometidos por el gobierno. Durante el proceso electoral para las elecciones
primarias en 2012, se observaron múltiples irregularidades. Una vez más, hubo
problemas con el sistema de conteo y los datos que se ofrecieron finalmente son
más que dudosos. Según estas informaciones habría resultado ganador Juan
Orlando Hernández. El principal oponente dentro del Partido Nacional al tándem
Lobo-Hernández, el señor Ricardo Álvarez, denunció ser víctima de fraude y ser
el verdadero ganador. No se realizó un escrutinio alternativo y Álvarez estuvo
denunciando el fraude en los principales medios del país hasta que le
ofrecieron presentarse como Designado Presidencial (una especie de
vicepresidente) en la candidatura de Juan Orlando.
Y se podrían seguir citando otros
abusos, como la reelección de la Rectora de la Universidad Nacional Autónoma de
Honduras, Julieta Castellanos, con cambio legislativo incluido; el asalto a la
Secretaria de Salud por parte de esta señora, concesión de ríos en contra de
voluntad de la población local, violencia contra grupos campesinos en varios
puntos del país y otros casos. Si evaluamos estos cuatro años de gobierno desde
el punto de vista de los derechos humanos podemos darle una calificación de muy
deficiente. Desde el conflicto en el Valle del Aguan con más de 100 muertos,
pasando por los últimos eventos en Rio Blanco, con la muerte de varios
activistas y la criminalización de la lideresa indígena Berta Cáceres y sin
olvidar las denuncias de existencia de grupos parapoliciales de limpieza
social, se puede afirmar que este gobierno solo ha contribuido a exacerbar los
conflictos ya existentes en el país en un intento de imponer sus intereses y
obtusas visiones sociales.
En cuanto a las elecciones del 24
de noviembre, el panorama tampoco es muy halagüeño. La campaña de Juan Orlando
Hernández se ha convertido en algo totalmente omnipresente. Las calles están
literalmente forradas con su cara y en los medios de comunicación no dejan de
pasar sus anuncios. Llama la atención que en el partido que la selección de Honduras
jugó contra Jamaica el pasado 15 de octubre apareciese un anuncio de Juan
Orlando ofreciendo 100,000 chambas (trabajos) a quien le apoyase. Esto, unido a
la contratación de JJ Rendón, Venezolano especialista en campañas sucias, hace
temer unos comicios complicados. Ya lo dice Juan Orlando Hernández en uno de
los anuncios de radio que protagoniza; “Voy a hacer lo que sea necesario para
ganar estas elecciones”.
Con prácticamente todas las
encuestas a favor, la candidata de LIBRE, Xiomara Castro podría sufrir una
derrota a través de un juego sucio al que parece que el tándem Lobo-Hernández
ya están bastante acostumbrados. La falta de representantes tanto de LIBRE en
la sede central del Tribunal Supremo Electoral dificultará un buen monitoreo
del sistema electoral. A principios de año varios de los nuevos partidos y los
minoritarios propusieron la implantación del sistema de voto electrónico
venezolano, calificada por el Centro Carter como “el mejor sistema del mundo”.
Los dos partidos tradicionales (Nacional y Liberal) se opusieron y la propuesta
no prosperó.
El 26 de octubre pasado varias
organizaciones defensoras de derechos humanos declararon una emergencia de
derechos humanos a 30 días de las elecciones. Señalan entre las principales
víctimas de la actual ola de violencia a los militantes de LIBRE, aunque sin
excluir a los miembros de otros partidos. El último asesinato se produjo el 23
de octubre cuando el camarógrafo de la vinculada a LIBRE Globo Tv Manuel
Murillo Varela fue atacado en Tegucigalpa y falleció después de recibir tres
balas en la cara. Era beneficiario de medidas cautelares dictadas por la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos en respuesta al secuestro y tortura
por parte de policías de que fue víctima en 2010. Esta semana varios fiscales
de la Fiscalía Especial de Derechos Humanos han denunciado que el gobierno este
virtualmente desmantelando esta institución y dispersando a sus integrantes en
varios puesto en el interior del país. Da miedo.
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